Calle de Quiñones

Barrio de Universidad

La tradición cronística, recogida por Peñasco y Cambronero en 1889 y repetida por Pedro de Répide, atribuye el nombre a una impresora de apellido Quiñones que habría tenido su taller en esta calle o en su entorno. La candidata más mencionada en fuentes posteriores es María de Quiñones (m. 1669), primera mujer en Madrid que firmó como impresora con nombre propio, activa entre 1633 y 1666. Sin embargo, su imprenta está documentada en la Calle de Atocha (esquina Costanilla de los Desamparados), no en la Calle de Quiñones. Existe una hipótesis alternativa, sin documentación firme, que relaciona el nombre con el término agrario quiñón (porción de tierra cultivable de titularidad colectiva), dado que la zona fue de uso agrícola antes de la urbanización del siglo XVII. El plano de Texeira (1656) no identifica la calle con el nombre actual; el de Espinosa (1769) ya la recoge como Quiñones. La primera mención cronística explícita es de 1863, según la investigación de Somos Malasaña.

La Calle de Quiñones mide 187 metros y discurre en el barrio de Universidad, distrito Centro, entre la Calle de San Bernardo al este y la Calle del Acuerdo al oeste. Su flanco norte queda presidido por el largo muro del Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, cuya torre barroca diseñó Pedro de Ribera hacia 1716, encargado por monjes benedictinos castellanos expulsados del monasterio catalán de Montserrat durante la sublevación de 1640. Felipe IV los acogió en Madrid y les cedió una casa que había ocupado el conde-duque de Olivares; la construcción definitiva comenzó en 1668 bajo el proyecto de Sebastián Herrera Barnuevo, que quedó incompleto por falta de fondos. La fachada y la torre de Ribera son hoy uno de los ejemplos más reconocibles del barroco madrileño. Con la desamortización de Mendizábal (1836), los monjes abandonaron el convento y la sección del edificio que daba a la Calle de Quiñones se convirtió en cárcel de mujeres, conocida popularmente como La Galera. Durante más de un siglo el establecimiento funcionó como penal femenino administrado por las Hijas de la Caridad, donde el trabajo de costura era a la vez pena y método de corrección moral. Federico Chueca inmortalizó el presidio en la zarzuela Agua, azucarillos y aguardiente (1897). Victoria Kent, directora general de Prisiones durante la Segunda República, impulsó allí reformas orientadas a la reinserción antes de trasladar las reclusas a la nueva Cárcel de Ventas, inaugurada en 1933. Alrededor de 1940 el espacio albergó una clínica psiquiátrica penitenciaria. Los benedictinos recuperaron el monasterio en 1918 y restablecieron el culto en 1922. En cuanto al nombre, la tradición cronística, recogida por Peñasco y Cambronero (1889) y amplificada por Répide, la vincula a una impresora Quiñones que habría tenido su taller aquí. Investigadores como Eduardo Valero García y Juan Carlos González Morales han cuestionado esta atribución: un documento fiscal de 1658 sitúa la actividad de María de Quiñones en la Calle de Atocha, y no existe escritura, padrón ni protocolo que la coloque en esta vía. La Junta Municipal de Centro aprobó en 2018 colocar una placa conmemorativa a la impresora, pero rechazó el cambio de nombre por falta de documentación suficiente. La hipótesis agraria, que derivaría el topónimo del término quiñón, tampoco cuenta con prueba documental directa.
Federico Chueca incluyó la cárcel de mujeres de la Calle de Quiñones en la zarzuela Agua, azucarillos y aguardiente (estreno: 1897), convirtiendo el presidio femenino en referencia popular de la vida madrileña de fin de siglo.

Sus nombres

  • Sin nombre propio registradoAntes de 1656
  • Calle de Santo Domingo (posible)c. 1656
  • Calle de QuiñonesAntes de 1769 – actualidad
Personas Escritores y artistas origen disputado
Ver fuentes (10)