Plaza de la Puerta de Moros

Barrio de las Letras · Palacio

La plaza toma el nombre de la antigua Puerta de Moros, una de las cuatro puertas de la muralla cristiana de Madrid levantada en el siglo XII. El topónimo recoge la función histórica del acceso: daba salida al camino de Toledo y quedaba junto al arrabal mudéjar, por lo que la usaban preferentemente los musulmanes avecindados en la Morería vecina. Gerónimo de la Quintana, en el siglo XVII, lo formuló así: la llamaron de Moros porque «por ella los moros entraban y salían del lugar por la comunicación que tenían con la ciudad de Toledo». Pedro de Répide matizó que la razón principal era la proximidad al barrio árabe más que un uso exclusivo. Una tercera hipótesis, recogida en la Wikipedia y sin fuente primaria citada, apunta al cementerio musulmán que existió en la cercana plaza de la Cebada. Las dos primeras cuentan con respaldo documental; la tercera permanece sin confirmar.

La Plaza de la Puerta de Moros ocupa el extremo suroeste del conjunto de plazas medievales que forman el corazón de los Austrias: la rodean la plaza de la Cebada al este, la de los Carros al norte, la del Humilladero al noroeste, y la calle de Tabernillas, la carrera de San Francisco, la calle de Don Pedro y la Cava Alta cierran el resto del perímetro. La puerta que le da nombre pertenecía a la muralla cristiana construida bajo Alfonso VII en la primera mitad del siglo XII. Era la más meridional de las cuatro puertas de ese recinto, orientada al suroeste, y abría sobre la actual plaza del Humilladero, entre la calle del Almendro y la Cava Baja. Allí se separaban los caminos de Toledo y de Segovia. Juan Ortega Rubio la compara en su fisonomía con las torres de Serranos de Valencia: doble recinto con puente levadizo y foso. Una cruz de piedra se alzaba junto a ella, primera estación del calvario franciscano de la villa. En 1412 una sublevación popular destruyó la puerta. Se reconstruyó en 1544 y Anton Van der Wyngaerde la dibujó en 1562. La demolición definitiva se produjo en el siglo XVII, probablemente durante la primera mitad, cuando la expansión del Madrid de los Austrias hizo innecesaria la muralla medieval. El espacio resultante adoptó el nombre de la puerta desaparecida, denominación que ya figuraba en el plano de Pedro Texeira de 1656 y se repite sin variación en el de Antonio Espinosa de los Monteros de 1769. El barrio que la puerta servía, la Morería Vieja, se extendía junto a la plaza de la Paja a lo largo de la margen izquierda del arroyo de San Pedro. La comunidad se constituyó formalmente en aljama en el siglo XIII, con mezquita, baños, carnicería propia y casa de bodas. Contaba además con un cementerio extramuros próximo a la plaza de la Cebada, el llamado Uesa del Raf. En 1502 la Real Cédula de los Reyes Católicos ordenó la conversión o el destierro de los mudéjares, y el arrabal quedó vacío. Despejada la puerta, la plaza adquirió una fuente de importancia. Desde 1621 consta el abastecimiento hídrico del lugar; entre 1620 y 1638 el escultor toscano Rutilio Gaci erigió la fuente monumental, llamada del Humilladero de San Francisco o de Endimión por la figura mitológica que la coronaba en mármol. Aparece marcada con el número 50 en el plano de Texeira. En 1670 Manuel Pereira añadió un Neptuno que luego fue sustituido por el Endimión. La fuente servía a 53 aguadores del barrio. En 1864 se trasladó a la plaza de la Cebada y su estructura escultórica pasó a la fuente de Lavapiés; la escultura de Endimión recorrió el almacén municipal del paseo de Yeserías (1905), el Museo Arqueológico Nacional y el Museo de Historia de Madrid, donde hoy se conserva. En 1984 Emilio Esteras instaló la actual fuente de granito pulido con siete caños al sur de la plaza. La fachada lateral del palacio del Duque del Infantado asoma a la plaza. Un mural de trampantojo pintado por Alberto Pirrongelli cubre el muro de un solar que quedó al aire tras los bombardeos de la Guerra Civil. La plaza sirvió de escenario para representaciones de sainetes y zarzuelas durante las fiestas de la Paloma, género del que la propia plaza forma parte del decorado habitual de «La verbena de la Paloma» (1894).
En la plaza corrió durante generaciones una leyenda de aparecidos recogida por Pedro de Répide y confirmada en el blog Edificios de Madrid (2021): los vecinos oían de noche lamentos, gritos y aullidos que atribuían al alma de un moro muerto sin bautismo. Para espantarlo, los cristianos pusieron una cruz en lo alto de la puerta. Según el relato, entonces se aparecieron tres fantasmas que clamaban el nombre de su asesino. El culpable resultó ser un armenio que había matado y devorado a sus tres hijos. Confesó ante las autoridades, fue ajusticiado a azotes y las apariciones cesaron. La historia circuló como verídica al menos desde el siglo XVII y Répide la recoge sin negarla expresamente, aunque sin señalar fuente documental primaria.

Sus nombres

  • Puerta de Moros (topónimo de la puerta)siglo XII – siglo XVII
  • Plaza de la Puerta de Morossiglo XVII – presente
Construcciones Edificios e instituciones origen disputado
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