Calle de Tabernillas

Barrio de las Letras · Palacio

El nombre procede de las tabernillas —⁠despachos de vino⁠— que desde época medieval ocupaban este tramo extramuros, junto a la desaparecida Puerta de Moros. La denominación remite al oficio tabernero y al privilegio de venta que ostentaba, según las fuentes más solventes, el municipio de Parla.

La calle corre de norte a sur desde la plaza de la Puerta de Moros hasta la calle del Águila, en el barrio de Palacio (distrito Centro). Su antigüedad se cifra en unos cinco siglos, arraigada en el arrabal morisco que quedaba extramuros de la villa medieval. Pedro de Répide recoge la explicación que los cronistas madrileños daban al nombre: en tiempo de los árabes estaban aquí los despachos de vino, saliendo de la Puerta de Moros a la izquierda, donde se situaba el fondac moruno. Tras la conquista cristiana, las tabernillas continuaron en el mismo lugar y pertenecían al pueblo de Parla, que tenía el privilegio de surtirlas. Cuando Felipe II fijó la capitalidad en Madrid en 1561, el flujo de carros y mercaderes hacia la ciudad multiplicó los establecimientos en este extremo de la calle de Toledo, consolidando la vocación tabernera de la vía. El plano de Texeira (1656) ya la registra con el topónimo «Tavernillas». Un manuscrito de hacia 1626 (Mss 5918, Biblioteca Nacional de España) la llama «Tabernillas de San Francisco», por la proximidad al convento franciscano. Los planos de Espinosa (1769) y Tomás López (1785) añaden el calificativo «de Parla», que formaliza por escrito el privilegio de abastecimiento. En 1835 el Ayuntamiento suprimió el aditamento y devolvió a la calle su nombre escueto. Además del comercio del vino, la calle albergó durante buena parte del siglo XIX y comienzos del XX una imprenta —⁠ubicada en el número 13, hoy desaparecida⁠— que fue el último taller madrileño dedicado a la edición de aleluyas y romances de ciego, el género de la literatura de cordel. Pedro de Répide lo señala expresamente en su obra, y varias fuentes independientes lo confirman. Benito Pérez Galdós situó en esta calle la vivienda de Fortunata en «Fortunata y Jacinta» (1887), definiéndola como zona apartada del centro, habitada por jornaleros y arrieros. Joaquín Sabina residió en un ático del número 23 durante la Transición y dejó constancia del lugar en una de sus canciones.
En el número 13 funcionó durante el siglo XIX y comienzos del XX la última imprenta madrileña dedicada a editar aleluyas y romances de ciego —⁠la literatura de cordel vendida colgada de una cuerda en los puestos callejeros. Pedro de Répide la menciona expresamente y varios testimonios independientes la sitúan en esa dirección concreta antes de su desaparición.

Sus nombres

  • Tabernillas de San Franciscoc. 1626
  • Tavernillas1656
  • Tabernillas1761
  • Tabernillas de Parla1769–1785
  • Tabernillas1835–actualidad
Oficios Gremios origen disputado
Ver fuentes (9)