Calle de San Roque

Barrio de las Letras · Universidad

La calle tomó el nombre de una pintura de San Roque colocada en la fachada lateral del convento de las Benedictinas de San Plácido el 10 de agosto de 1624, día de la festividad del santo, cuando se bendijo el recinto. Desde entonces la vía perpendicular a la Calle del Pez lleva ese nombre sin interrupción documentada.

La calle arranca de la Calle del Pez hacia el norte y discurre paralela a la Calle de la Madera, en el corazón del barrio de Universidad. Mesonero Romanos la cita entre las «calles rectas» que median entre la Luna y el Pez, y señala el convento de San Plácido como el edificio de mayor importancia de todo el tramo. El convento fue fundado el 21 de noviembre de 1623 por doña Teresa del Valle de la Cerda, primera abadesa, con el patrocinio de Jerónimo de Villanueva, protonotario del reino de Aragón y hombre de confianza del conde-duque de Olivares. La comunidad se instaló en mayo de 1624 y ese mismo verano bendijo el edificio: sobre el muro que daba a la calle sin nombre pusieron un cuadro del santo peregrino y la vía quedó rotulada de facto. Pedro de Répide recogió que durante las epidemias anteriores el Cabildo y el Ayuntamiento habían prometido levantar una ermita a San Roque en terrenos próximos, promesa que el Consejo de Castilla frustró al desviar el presupuesto al Hospital General; el lienzo en la fachada benedictina cumplió así, tardíamente, la deuda devocional de la ciudad con el protector contra la peste. San Roque, peregrino occitano nacido en Montpellier hacia 1295 y canonizado por Urbano VIII el 26 de octubre de 1629, es patrón de los apestados y de los peregrinos; se le representa con el bordón, el sombrero de viaje, la llaga en la pierna y el perro que lo alimentó en su enfermedad. Su festividad cae el 16 de agosto, seis días después de la bendición del convento, dato que refuerza la elección del santo para rotular la calle en ese momento litúrgico. El convento de San Plácido fue escenario de dos escándalos que lo hicieron conocido en toda Europa. El primero, en 1625-1628: veintiséis monjas fueron acusadas de posesión demoníaca. La Inquisición procesó al confesor fray Francisco García Calderón, condenado a reclusión perpetua, y a la fundadora Teresa del Valle, que cumplió cuatro años de encierro; un decreto absolutorio llegó en 1638. El segundo involucró a Felipe IV: el rey, acompañado de Villanueva, entró de noche al convento para ver a la novicia sor Margarita. La priora lo supo y ordenó que la joven yaciera en un féretro con cuatro cirios encendidos fingiendo haber muerto de una caída. El rey se retiró. La Inquisición procesó a Villanueva, que pasó dos años preso en Toledo. Felipe IV donó al convento el Cristo Crucificado que pintó Velázquez (hoy en el Prado) y un reloj de campanadas a difuntos, que según la tradición seguía tocando cada noche en memoria de la «difunta». Mesonero Romanos advirtió que toda la trama del rey y la monja procedía de un manuscrito anónimo cuya veracidad él mismo ponía en duda. En 1903 el estado del edificio original era tan ruinoso que fue demolido. La reconstrucción, a cargo del arquitecto Rafael Martínez Zapatero, concluyó en 1913 con el traslado de la entrada principal al número 9 de la Calle de San Roque, que hasta entonces daba a la Calle del Pez. Durante el siglo XX la calle adquirió un carácter periodístico singular. El diario Informaciones, fundado en 1922, instaló en San Roque su redacción y sus talleres de impresión; allí coincidió con el diario La Libertad, ambos impresos en el mismo edificio durante la época en que el banquero Juan March controlaba las dos cabeceras. Informaciones cerró en 1983. La taberna El Bocho, abierta en 1945, sirvió de cantina a los redactores del periódico y más tarde a dirigentes del PSOE durante la Transición. El Teatro Lara abre su acceso trasero a esta calle.
La priora del convento de San Plácido frustró la visita nocturna de Felipe IV tendiendo a la novicia sor Margarita en un féretro con cuatro cirios encendidos, fingiendo que había muerto al caer por las escaleras. El rey se marchó. La Inquisición procesó al organizador de la visita, Jerónimo de Villanueva, que estuvo dos años preso en Toledo. El monarca envió al convento el Cristo de Velázquez y un reloj de campanadas a difuntos que, según la tradición, recordaba cada noche a la «fallecida». Mesonero Romanos advirtió que el episodio procede de un manuscrito anónimo cuya autenticidad él mismo cuestionó.

Sus nombres

  • Calle sin nombre documentadoAnterior a 1624
  • Calle de San RoqueDesde 1624
Religión y devoción Santos origen disputado
Ver fuentes (9)