Plaza de San Francisco

Barrio de Palacio

La plaza toma nombre del convento franciscano que dominó el promontorio desde al menos el siglo XIII. El convent recibió en vida el apelativo «el Grande» para distinguirse de otro convento de San Francisco de Paula, situado en la Carrera de San Jerónimo junto a la Puerta del Sol. El espacio abierto frente a su fachada se llamó popularmente Campillo de San Francisco antes de consolidarse como plaza formal.

El lugar que hoy ocupa la plaza perteneció al perímetro del convento franciscano más importante de Madrid, el que la escritura notarial de Carlos III (1785) designa con el antiguo topónimo «Jesús María», indicativo de la advocación primitiva del solar. Según la leyenda repetida por Mesonero Romanos y asumida por la historiografía madrileña, San Francisco de Asís fundó en 1217 una pequeña ermita con sus propias manos tras recibir de los vecinos un terreno extramuros junto al río; la leyenda no tiene base documental anterior al siglo XVII y debe tomarse como tradición devocional, no como hecho comprobable. El convento franciscano fue creciendo en importancia desde que Felipe II fijó Madrid como capital en 1561. Recibió la custodia de los Santos Lugares de Jerusalén y el Comisariado General de Indias, lo que le dio rango institucional excepcional. En 1596 se concedió licencia al guardián de la orden para acordalar el solar y formar calle junto al convento, primer acto urbanístico documentado que delimitó el espacio de la futura plaza. El campillo frente al convento aparece en el plano de Teixeira (1656) sin denominación, y ya con el nombre «Campillo de San Francisco» en el plano topográfico de Espinosa de los Monteros (1769). En 1658 un terreno del perímetro se vendió a la condesa de Villarreal para construcción residencial, lo que indica que el espacio estaba entonces en fase de consolidación urbana. La obra que transformó definitivamente el frente de la plaza comenzó el 31 de agosto de 1760, cuando los franciscanos derribaron el convento medieval para construir un templo de escala monumental. La primera piedra se puso el 8 de noviembre de 1761. Tres arquitectos se sucedieron: el fraile Francisco Cabezas diseñó la planta circular con cúpula de 33 metros; Antonio Pló completó la cúpula hacia 1770; y Francisco Sabatini concluyó la fachada y las torres en 1784. El edificio se consagró el 6 de diciembre de 1784 con Carlos III presidiendo la ceremonia. La desamortización de Mendizábal expulsó a los franciscanos en 1836. El edificio pasó al Estado y al Patrimonio Real, y funcionó durante años como cuartel de infantería. En 1869, el gobierno provisional de la revolución «Gloriosa» lo declaró Panteón Nacional. El 20 de junio de ese año tuvo lugar una procesión cívica de cinco kilómetros con carrozas fúnebres: se trasladaron solemnemente los restos de Calderón de la Barca, Quevedo, Garcilaso de la Vega, Ercilla, el Gran Capitán, Ventura Rodríguez y otros. Las fuentes del momento señalan que fue la primera vez que se usó iluminación eléctrica en un acto público en Madrid. En 1874 el proyecto fracasó y los restos fueron devueltos a sus lugares de origen. La restauración artística del interior, sufragada con fondos de la Obra Pía de Jerusalén, se desarrolló entre 1879 y 1889. El templo reabrió al culto el 26 de enero de 1889. Alfonso XIII devolvió el edificio a los franciscanos en 1926. Juan XXIII lo elevó a basílica menor en 1962. Durante la Guerra Civil, el gobierno de la República reunió bajo la cúpula obras de arte de toda Madrid para protegerlas de los bombardeos. La plaza como espacio urbano sufrió su transformación más drástica en el siglo XX: el proyecto de Secundino Zuazo de 1932 previó abrir una gran vía norte-sur como prolongación de Bailén. Las obras comenzaron en 1936, se interrumpieron con la guerra y se retomaron en los años cincuenta. La nueva arteria se inauguró el 18 de julio de 1961 con el nombre «Avenida de los Reyes Católicos»; en septiembre de 1966 se renombró «Gran Vía de San Francisco» para evitar duplicidad con otra avenida del mismo nombre junto a Ciudad Universitaria. La apertura demolió el barrio inmediato, de casas de los siglos XVII y XVIII, y redefinió los bordes de la plaza.
El 20 de junio de 1869, una comitiva de cinco kilómetros recorrió Madrid con carrozas fúnebres que portaban los restos de Calderón de la Barca, Quevedo, Garcilaso de la Vega y otros hasta el Panteón Nacional instalado en la basílica. Las crónicas de la época señalan que fue la primera vez que se empleó iluminación eléctrica en un acto público en Madrid. Cinco años después, en 1874, el proyecto de panteón se abandonó y los restos regresaron a sus lugares de origen: Quevedo volvió a Villanueva de los Infantes, Lanuza a Zaragoza, Ercilla a las carmelitas de Ocaña.

Sus nombres

  • Campillo de San FranciscoSiglo XVII – siglo XIX
  • Plaza de San FranciscoSiglo XIX – actualidad
Religión y devoción Conventos y fundadores origen disputado
Ver fuentes (10)