Calle Mira el Río Baja

Barrio de Embajadores

El nombre remite a la exclamación «¡Mira el río!» que los vecinos de los arrabales madrileños lanzaban desde el Peñón que coronaba esta zona extramuros al contemplar las crecidas del Manzanares. La tradición mayoritaria, recogida por Capmany y después por Répide, sitúa el episodio fundacional en las lluvias torrenciales de entre octubre de 1439 y enero de 1440. Una hipótesis alternativa, más austera, propone que el topónimo nació simplemente de la orientación de la calle hacia el río cuando se urbanizó el paraje, sin necesidad de episodio dramático.

La calle desciende en pendiente pronunciada desde la calle de Mira el Río Alta hasta la plaza del Campillo del Mundo Nuevo, donde desemboca en la Ronda de Toledo. Perpendicular a su homónima Alta, forma con ella un par de vías que articulan el límite meridional del Rastro y el arranque del barrio de Embajadores. Su nombre anterior, calle de las Pulgas, refleja la condición del arrabal que ocupaba este sector extramuros hasta el siglo XVII: zona de asentamiento popular denso, con mercados informales y tránsito de animales, en los confines de la cerca de Felipe II. La Alta tuvo otro nombre distinto: calle de Juan García Pasarón, por un sacristán de San Justo que fundó en ella una escuela para niños pobres. El Peñón que daba perspectiva al río desde esta zona aparece mencionado también en la toponimia vecina: la calle del Peñón, hoy calle de Carlos Arniches, preserva ese accidente geográfico que desapareció por un derrumbe, dejando el espacio que los niños del barrio llamaron el Mundo Nuevo. Peñasco y Cambronero añadieron una variante a la leyenda: el corrimiento de tierras de esas mismas lluvias abrió la vista al Manzanares. El plano de Espinosa de 1769 registra la Alta como «Pasarón», probablemente por un error gráfico del grabador. El de Texeira de 1656 documenta el barrio sin que las fuentes consultadas precisen el rótulo exacto de estas dos calles en ese momento. Benito Pérez Galdós la fijó en la literatura española a través de Fortunata y Jacinta: «Echose mi hombre a la calle, y tiró por la de Mira el Río baja, cuya cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no ir rodando de cabeza por aquellos pedernales.» La descripción es también un retrato del tejido social del barrio en el último tercio del siglo XIX: casas de vecindad, almacenes de segunda mano, el inicio de la Ronda como límite entre la ciudad y los descampados de Carabanchel.
Galdós describió la bajada de esta calle en el libro primero de Fortunata y Jacinta con precisión topográfica: «cuya cuesta es tan empinada que se necesita hacer algo de volatines para no ir rodando de cabeza por aquellos pedernales.» El personaje desemboca en la plaza del Campillo del Mundo Nuevo y «su espíritu se espació, como pájaro lanzado a los aires», contraste entre la opresión del callejón y la apertura del descampado.

Sus nombres

  • Calle de las PulgasAnterior al siglo XVII (fecha precisa desconocida)
  • Calle de Mira el Río BajaSiglo XVII o anterior — vigente
  • Nombre actual confirmado en nomenclatorSiglo XIX (Nomenclator municipal)
Descriptivos Forma y trazado origen disputado
Ver fuentes (8)