Calle de los Tres Peces

Lavapiés·Embajadores

El nombre procede de tres peces labrados en piedra que decoraban la fachada de una casa perteneciente a las memorias de don Pedro de Solórzano. La obligación adscrita a ese inmueble era entregar anualmente, en días señalados, tres peces grandes a cuatro instituciones religiosas del Madrid del siglo XVII. Las figuras talladas servían de recordatorio visible del censo benéfico, y con el tiempo dieron nombre a la calle.

Calle de los Tres Peces sube entre la calle del Ave María y la calle de Santa Isabel, y su nombre esconde un negocio piadoso que aún cuelga de una pared. Una casa de la calle, ligada al patrimonio de don Pedro de Solórzano, cargaba una deuda peculiar, pagadera no en dinero sino en pescado. En San Francisco de Paula iban tres peces grandes al convento de la Victoria; en San Rafael, otros tres al Hospital de San Juan de Dios; en la Concepción, tres más a San Francisco y otros tantos a San Bernardino. Cada pez pesaba al menos cinco libras, de modo que la casa entregaba cerca de treinta kilos de pescado fresco al año, un lujo carísimo en una ciudad de interior como Madrid. Para que ningún dueño futuro olvidara la obligación, alguien mandó tallar tres peces en piedra sobre la fachada, y el nombre cuajó. Quien busque la huella original puede pararse en el número 25: allí sigue el rótulo de cerámica color calabaza con tres peces en relieve.
Alfonso Sánchez García fotografió la calle en la década de 1940: una callejuela estrecha con vecinos en la puerta, tendederos cruzados y una fuente de granito en la acera que ya no existe. La imagen contradice la imagen monumental que sugiere el nombre y muestra el Lavapiés de postguerra en su escala más cotidiana.

Sus nombres

  • Calle de los Tres Pecessiglo XVII – actualidad
Objetos Objetos origen disputado
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