Calle de la Ballesta

Barrio de las Letras · Universidad

El nombre procede, según la leyenda más extendida, de un corral de tiro con ballesta sobre animales vivos que operó en la zona durante el siglo XVII, regentado por un cazador de origen alemán. El corral ya era conocido como «el corral de la ballesta» entre los vecinos antes de que ese apelativo se fijara en la vía. Mesonero Romanos reconoció en El antiguo Madrid (1861) que «nada se sabía del origen de su nombre», poniendo en duda que la leyenda tenga base documental. El nombre consta ya en el plano de Texeira de 1656.

La calle mide unos sesenta metros y corre entre la Corredera Baja de San Pablo y la calle del Desengaño, en el barrio de Universidad, distrito Centro. Aparece rotulada en el plano de Pedro Texeira (1656), lo que la convierte en una de las vías con denominación documentada desde el primer gran levantamiento cartográfico de Madrid. La zona que hoy llaman Maravillas o Malasaña fue durante los siglos XVI y XVII el cuartel de los tudescos, los alemanes llegados con la corte de los Habsburgo. La iglesia de San Antonio de los Alemanes, a pocos metros, marca ese pasado. Los Avisos de Jerónimo de Barrionuevo registran que los embajadores de Holanda se alojaron en la calle en el siglo XVII: «Tienen la casa en la calle de la Ballesta.» La convivencia de alemanes, portugueses y flamencos hizo de este tramo una bolsa cosmopolita en el Madrid imperial. La tradición del corral de tiro, recogida por Peñasco y Cambronero en Las calles de Madrid (1889), describe a un cazador alemán que mantenía encadenados jabalíes, lobos y venados traídos de los bosques madrileños para que los ciudadanos practicasen el tiro con ballesta previo pago. Un jabalí grande del Monte del Pardo, acosado por las saetas, arrancó el poste que lo sujetaba y mató al propietario de una colmillada. El corral desapareció, pero el nombre quedó. Peñasco y Cambronero son los primeros en recoger el relato con cierto detalle; Mesonero Romanos, en cambio, ya había advertido décadas antes que el origen era oscuro. Répide lo acepta en Las calles de Madrid sin añadir documentación nueva. El siglo XIX dejó dos huellas distintas. En el número 7 vivió y trabajó Vicente Fernández Valliciergo (1830–1909), calígrafo de la Casa Real y de la Diputación Provincial de Madrid; sus cuadernos de letra redondilla y caligrafía inglesa y francesa se usaron en escuelas españolas y europeas durante el primer tercio del siglo XX. Una placa con remates caligráficos señala el edificio que ocupa el solar donde fue su casa. En el número 13 residió Rosalía de Castro hacia 1857, recién llegada a Madrid con unos veinte años; allí publicó su primer poemario, La Flor, y el 10 de octubre de 1858 se casó con Manuel Murguía en la iglesia de San Ildefonso, a escasos metros. El general Leopoldo O'Donnell se escondió durante cuatro meses en casa de José Ceballos, en esta misma calle, antes de desencadenar el pronunciamiento de julio de 1854 conocido como la Vicalvarada. En 1890 la empresa fotográfica y editorial Hauser y Menet se instaló en el número 30. Desde ese taller salieron las primeras series modernas de tarjetas postales ilustradas de España; en 1902 producían medio millón de postales mensuales. La firma permaneció en la calle hasta bien entrado el siglo XX. Durante la segunda mitad del siglo XX la calle se convirtió en uno de los ejes principales de la prostitución callejera de Madrid, tolerada por el franquismo y persistente en la Transición. Esa reputación se mantuvo hasta el proyecto Triball (acrónimo de «Triángulo Ballesta»), impulsado desde 2007 por una iniciativa privada que compró y cerró varios locales del entorno con el propósito de atraer comercio creativo y de moda al triángulo formado por Ballesta, Desengaño y Corredera Baja de San Pablo. El proceso generó un debate sostenido entre asociaciones vecinales y colectivos críticos con la gentrificación.
Rosalía de Castro llegó a Madrid hacia 1856 sin recursos y se alojó en el bajo del número 13, en casa de un pariente de su padre. Desde esa misma dirección entregó a la imprenta La Flor (1857), su primer libro de poemas en castellano, cuando tenía veinte años. El 10 de octubre de 1858 salió de esa casa para casarse con Manuel Murguía en la iglesia de San Ildefonso, a cien metros de distancia. La calle que daría nombre a un proyecto de renovación urbana del siglo XXI fue, antes, el punto de partida de la obra literaria gallega en Madrid.

Sus nombres

  • Calle de la BallestaDocumentada desde 1656
Objetos Objetos origen disputado
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