Calle de San Joaquín

Barrio de las Letras · Universidad

El nombre viene de un retablillo pintado con la imagen de san Joaquín, padre de la Virgen María, que adornaba la fachada de la llamada «casa de la Bolea», propiedad de Manuel de Zúñiga y Fonseca, conde de Monterrey. El topónimo está documentado desde el siglo XVII y la calle conserva esa denominación hasta hoy.

La calle sale de Fuencarral y desemboca en la plaza de San Ildefonso, con una longitud breve y un trazado ligeramente oblicuo que delata su origen viario: formaba parte del camino medieval que unía Madrid con Hortaleza, partiendo de la puerta de Valnadú por Tudescos, la Corredera Baja de San Pablo y San Ildefonso, antes de que ese tráfico se desplazara hacia la ruta Montera-Hortaleza. El ángulo que forma con Fuencarral es, pues, herencia de ese trayecto anterior a la cuadrícula ilustrada. El nombre arraiga en la primera mitad del siglo XVII. La «casa de la Bolea» del conde de Monterrey tenía en su fachada un pequeño retablo del santo, práctica común en el Madrid de los Austrias para identificar una casa o una esquina. El topónimo no necesitó más soporte institucional: el vecindario lo adoptó y se perpetuó. En 1660 el Concejo concedió al marqués de Eliche, Gaspar de Haro, los jardines contiguos a esta calle, conocidos desde entonces como «jardín de San Joaquín». Eliche, alcaide de El Pardo y del Buen Retiro, encargó su ornamentación a los pintores boloñeses Angelo Michele Colonna y Agostino Mitelli, a quienes Velázquez había conocido en Italia. De su trabajo en ese jardín quedó el Atlas pintado que sostenía sobre sus hombros una esfera con los círculos y signos celestes, ejecutado con tal dominio del escorzo que parecía figura de relieve. Mitelli murió en Madrid en agosto de 1660, poco después de que Eliche tomara posesión del inmueble, lo que acota la datación de esa obra. Desde 1781 hay constancia documental de construcciones particulares en la calle. Durante el siglo XIX la vía mantuvo un carácter artesanal y doméstico: churrería, fábrica de medias, tahona, fábrica de jabón y un salón de vida alegre en el que las crónicas apuntan alias como «La Belgicana» y «La Desahogada». En la esquina con Fuencarral funcionó, hasta los años cuarenta del siglo XX, el café-teatro San Joaquín, dedicado al género chico. Pedro de Répide lo menciona como escenario habitual del actor José Mesejo, que estrenó en otras tablas madrileñas piezas como «La verbena de la Paloma» y «La revoltosa». El local compartía clientela y programación con el cercano Variedades. En el número 16 abrió en noviembre de 1911 la vaquería El Descanso, local modernista con una decoración pictórica encargada al artista Antonio Chaves Martín: copias adaptadas de las series «Las Artes» de Alfons Mucha, que representaban las cuatro estaciones. El edificio que la albergaba era un convento del siglo XVII. Ambos fueron demolidos en 2007; se conservó únicamente la fachada, que hoy recoge un espacio temporal de comercio. A finales del siglo XX la calle acogió la sala de conciertos El Grial, en la esquina con la plaza de San Ildefonso, tan identificada con el rock y la noche del barrio que el vecindario llegó a llamar a esa plaza «la plaza del Grial». El local se transformó en The Sideral Club en 2006.
Cuando Colonna y Mitelli decoraron el jardín de San Joaquín del marqués de Eliche hacia 1660, pintaron un Atlante sosteniendo sobre sus hombros una esfera con todos los círculos y signos celestes. El efecto de relieve era tal, según la crónica, que parecía una escultura separada de la pared. Mitelli murió en Madrid ese mismo verano, por lo que esa pintura fue una de sus últimas obras en España.

Sus nombres

  • Sin denominación oficial registrada / camino de HortalezaAnterior al siglo XVII
  • Calle de San JoaquínSiglo XVII – actualidad
  • Calle de Torrijos (tramo paralelo, distinto)c. 1840–c. 1845
  • Travesía del Conde Duque (tramo paralelo, distinto)Siglo XIX y 1941 en adelante
Religión y devoción Santos origen disputado
Ver fuentes (8)