Calle de Minas

Barrio de las Letras · Universidad

El nombre alude a cuevas o galerías subterráneas que existieron en la ladera antes de que la zona se urbanizara. La tradición más extendida las relaciona con los restos de un puente sobre el arroyo de Matalobos destruido por las tropas de Enrique II de Castilla, cuyos arcos o socavones sirvieron de refugio a malhechores. Compiten otras tres hipótesis sin documentación directa: que las cuevas daban salida a las propiedades de un vecino conocido como «el Rubio»; que existían minas de época árabe usadas como vía de escape durante las reconquistas; y que la calle tomó el nombre de los antepasados de Eugenio de Mina, cuyas casas habrían estado aquí. El propio Mesonero Romanos, en 1861, declara que de esta calle «no sabemos la etimología ni la historia», lo que sitúa el problema en la primera línea de las disputas del callejero.

La calle baja de Espíritu Santo a Pez siguiendo un desnivel acusado que delata, bajo el pavimento, el antiguo cauce del arroyo de Matalobos. Ese arroyo nació en el bosque de Amaniel, atravesó lo que hoy es el barrio de Universidad y desembocaba hacia San Bernardo. Antes de la urbanización, el fondo del barranco acumulaba cuevas o socavones a los que la lengua popular llamaba «minas» en su sentido de galerías excavadas, sin relación con extracción mineral. Esos huecos daban al paraje su carácter marginal: el arco de un puente demolido, un declive sin edificar, el extremo del casco. Ahí, según la crónica urbana, pernoctaban bandidos. La calle aparece en el plano de Texeira (1656) integrada en el arrabal norte que crecía hacia Fuencarral, aunque todavía con el tramo superior como vía separada. En el siglo XVII el entorno era ya doméstico y artesanal, con accesos a las propiedades de la manzana 557, donde los duques de Osuna tenían su palacio en la calle Alta de Leganitos y una huerta contigua que Mesonero Romanos menciona «llamada en lo antiguo de las Minas». Esa mención sugiere que el topónimo podía referirse a una finca o huerta conocida por ese nombre antes de que se trasladara a la vía pública, aunque no hay fuente que lo confirme de modo explícito. Durante el siglo XVIII la calle funcionaba como corredor residencial de bajo rango, con casas de un solo piso y escaso comercio, tal como la describe Mesonero en 1861 para el conjunto de «las grandes paralelas altas del Espíritu Santo, de San Vicente, de la Palma y de San Miguel». La zona no tenía «población, vitalidad ni comercio» por su situación extrema y el gran desnivel del suelo. El nombre se consolidó en su forma actual —⁠«Calle de las Minas»⁠— a mediados del siglo XIX, cuando el Ayuntamiento unificó el tramo que antes se denominaba Minas Alta con el tramo inferior. A lo largo del siglo XX la calle mantuvo una vocación popular y comercial modesta: taberna, herbolario, tahona, carpintería, bodega. En 2009 el periódico Somos Malasaña recogía el testimonio de vecinos que lamentaban la desaparición de esos oficios y la proliferación de locales vacíos. La calle no ha generado renombre literario ni político, pero conserva sin interrupción el mismo nombre desde que hay registros escritos, rasgo infrecuente en un callejero madrileño que se renovó profundamente en el XIX.
Mesonero Romanos, el cronista más sistemático del Madrid del siglo XIX, reconoce en El antiguo Madrid (1861) que de la calle de las Minas y de las Pozas «no sabemos la etimología ni la historia». La honradez de ese «no sabemos» en un autor que rastreaba hasta el origen de los nombres más oscuros convierte la propia ignorancia en dato: la calle llegó al siglo XIX sin papeles que la explicaran.

Sus nombres

  • Minas AltaSiglo XVII – mediados del siglo XIX
  • Calle de las MinasMediados del siglo XIX – actualidad
Naturaleza Paisaje origen disputado
Ver fuentes (6)