Plaza de San Andrés

Barrio de las Letras · Palacio

La plaza toma el nombre de la parroquia de San Andrés Apóstol, uno de los templos más antiguos de Madrid, documentado ya en el Fuero de 1202. La iglesia da nombre al espacio desde que el Plano de Texeira (1656) registra la vía inmediata como «calle de San Andrés»; el plano de Antonio Espinosa de los Monteros (1769) denomina ya todo el entorno «barrio de San Andrés». El origen del culto al apóstol en el lugar es anterior a cualquier fuente escrita: la parroquia existía a finales del siglo XII en lo que fue el arrabal mudéjar y después la morería de Madrid, y su advocación se atribuye a una ermita o capilla primitiva dedicada al apóstol en ese emplazamiento. Pedro de Répide recoge también una tradición secundaria —⁠que vincula el nombre a un capitán de Felipe V que trajo una bandera con el aspa de San Andrés⁠— aunque la descarta frente a la explicación parroquial.

La plaza ocupa en origen el cementerio de la parroquia de San Andrés, mencionada ya en el Fuero de Madrid de 1202 como una de las parroquias de la villa. La iglesia se levantó presumiblemente sobre el solar de la mezquita principal del Madrid islámico, en el corazón del arrabal mudéjar que después pasó a llamarse morería. A ese sustrato medieval pertenece también la vocación del espacio: durante siglos fue campo santo, no plaza pública. La transformación del entorno arranca con la presencia del linaje de los Vargas. Iván de Vargas, señor del lugar cuya familia fue aposentador de Juan II, tenía su palacio junto a la parroquia, y en él habitó y murió San Isidro Labrador, feligrés de San Andrés. A la muerte del santo —⁠hacia 1172⁠— fue enterrado en el cementerio parroquial a los pies del templo. En 1212, Alfonso VIII pasó por Madrid tras la victoria en Las Navas de Tolosa y mandó exhumar el cuerpo, que encontró incorrupto; la tradición lo identifica con el pastor que le había mostrado el camino antes de la batalla. Este relato, recogido en el Arca Mosaica mandada labrar por el propio Alfonso VIII en 1213, es el más antiguo documento que ata la fama del santo a este rincón de la villa. Sobre el palacio de los Vargas se levantó después el de los marqueses de Paredes, que pasó por los Lujanes y otros titulares hasta que el Ayuntamiento lo adquirió en 1986. Tras su demolición parcial en 1974 y la excavación arqueológica consiguiente, el edificio se reconstruyó y abrió como Museo de San Isidro (Museo de los Orígenes) el 15 de mayo de 2000. Conserva el patio renacentista, la capilla del santo y el llamado Pozo del Milagro. La propia iglesia sufrió el derrumbe de la cubierta en 1656 —⁠el mismo año en que Texeira dibuja su plano⁠— y fue reconstruida con orientación cambiada. La Capilla de San Isidro, concebida para custodiar las reliquias del santo tras su canonización en 1622, se levantó entre 1657 y 1669 con un gasto de unos 11.960.000 reales sufragados por la corona, el Ayuntamiento y los virreinatos americanos; su cimborrio barroco, obra de Pedro de la Torre y José de Villarreal, es hoy el elemento más visible de la plaza. En 1767, tras la expulsión de los jesuitas, los restos de San Isidro se trasladaron a la Colegiata de San Isidro, en la calle de Toledo, donde permanecen. El 19 de julio de 1936, grupos incontrolados incendiaron el interior de la iglesia; solo sobrevivió la estructura exterior y la imagen de San Isidro de Manuel Pereira. La reconstrucción interior, llevada a cabo entre 1986 y 1990 por los arquitectos Javier Vellés, María Casariego y Fabriciano Posada, siguió documentación fotográfica y materiales originales. El espacio de la plaza se peatonalizó en los últimos años del siglo XX, configurando la imagen actual: empedrado, terrazas y el cimborrio de San Isidro como fondo.
En 1212, Alfonso VIII se detuvo en Madrid a su regreso de Las Navas de Tolosa y ordenó exhumar el cuerpo de Isidro Labrador, enterrado en el cementerio de San Andrés cuarenta años antes. El cuerpo estaba incorrupto. El rey, según la tradición recogida por los cronistas, lo reconoció como el pastor que le había mostrado el camino a través de las sierras antes de la batalla. Ese reconocimiento real fue el primer acto formal de la devoción isidreña y el origen del culto que terminaría convirtiendo la plaza en uno de los espacios más cargados de historia del Madrid antiguo.

Sus nombres

  • Cementerio parroquial de San Andréssiglos XII-XVII
  • Calle de San Andrésanterior a 1656
  • Barrio de San Andrés1769
  • Plaza de San Andréssiglo XIX en adelante
Religión y devoción Santos origen disputado
Ver fuentes (7)