Calle de Justiniano

Barrio de Justicia

El nombre procede de Justiniano I, emperador de Bizancio (527-565), conocido ante todo por haber ordenado la compilación del Corpus Iuris Civilis. La elección fue, según Pedro de Répide, «un poco arbitraria»: la calle se abrió en el solar del convento desamortizado de Santa Teresa en 1869, y al rotularla en 1881 el Ayuntamiento escogió al legislador romano por la proximidad del barrio al antiguo convento de las Salesas, que en 1870 había pasado a ser Palacio de Justicia.

La calle mide algo menos de 130 metros y une la calle de Santa Teresa con la de Orellana, en el barrio de Justicia (distrito Centro). No existía antes de 1869: el solar era parte de la huerta del convento carmelita descalzo fundado en 1683 por Nicolás de Guzmán, príncipe de Astillano, con el patrocinio posterior de Carlos II. La comunidad religiosa fue expulsada en 1868, durante el Sexenio Democrático. En 1869 el convento se demolió y sobre su planta se trazaron cuatro calles nuevas: Argensola, Campoamor, Santa Teresa y Justiniano. Los edificios que hoy flanquean la vía son todos de la década de 1880, con forja de balcones característica del periodo; el número 4 lleva la fecha «1882» grabada en el portal, y el número 3 pertenece desde 1884 a la familia Nicolau Corbacho. El nombre es un homenaje al jurista más que al guerrero. Justiniano I (Tauresium, 482 — Constantinopla, 565) reconquistó parte del occidente mediterráneo, incluida la Hispania suroriental, pero lo que justifica su recuerdo en una calle próxima a los tribunales es el Corpus Iuris Civilis: la gran recopilación del derecho romano que encargó entre 528 y 534, formada por el Codex, el Digesto, las Instituciones y las Novelas. Esa obra es la base del derecho civil en la mayor parte de Europa occidental y fue redescubierta y estudiada en Bolonia desde el siglo XII. La conversión del convento de las Salesas Reales en Palacio de Justicia en 1870 marcó la fisonomía del barrio durante décadas. El Tribunal Supremo se instaló allí en 1875. Ese contexto institucional explica que al roturar las calles abiertas sobre el solar carmelita el Ayuntamiento optara por nombres de resonancia jurídica: la elección de Justiniano encaja en esa lógica, aunque no respondiese a un decreto explícito de tema sino, como apuntó Répide, a una decisión bastante libre del rotulador. La calle tuvo a lo largo del siglo XX una vida menuda y de oficios: cordelería, almacén de papel viejo, empresa de transportes, fábrica de boinas y la pescadería de la Mari, donde los chóferes de uniforme hacían el recado. El Bar Marylin fue punto de encuentro de escritores y poetas, frecuentado entre otros por Carmen Martín Gaite y Leopoldo Panero. En los años ochenta llegaron los interioristas Pascua Ortega y Fernando Benjumea, que transformaron la calle en un nodo de galerías, estudios de diseño y anticuarios sin que la Movida la arrasara como a otras del centro.
Pedro de Répide, el cronista más exhaustivo del callejero madrileño, describió el bautizo de esta calle como hecho «un poco arbitrariamente» con el nombre del emperador Justiniano, «por hallarse relativamente próxima al Palacio de Justicia». La fórmula es inhabitual en Répide, que raramente cuestiona los criterios municipales: indica que en el momento de la rotulación no había un acuerdo expreso de dar a esas calles nombres jurídicos, sino que el funcionario o la comisión eligieron al legislador romano sin mayor programa.

Sus nombres

  • Sin denominación (huerta del convento de Santa Teresa)hasta 1869
  • Calle de Justiniano (apertura del viario)1869
  • Calle de Justiniano (denominación oficial)1 de enero de 1881
Personas Políticos y gobernantes origen disputado
Ver fuentes (8)

Cruces y bocacalles