Plaza de Chueca

Barrio de las Letras · Justicia

Nombre adoptado en 1943 en homenaje al compositor madrileño Federico Chueca y Robres (1846-1908), autor de zarzuelas del género chico. Antes de esa fecha la plaza se denominaba plaza de San Gregorio Magno, nombre derivado de la estatua del papa Gregorio I que presidía la entrada a la quinta de los marqueses de Minaya, en el solar que luego ocupó el espacio abierto.

La plaza no existía en 1861, cuando Mesonero Romanos publicó su paseo histórico-anecdótico por las calles de Madrid. El solar correspondía entonces a La Galera, cárcel de mujeres trasladada a este sector del barrio de Justicia a partir de 1818, y a los huertos de los duques de Frías. La apertura de la calle de San Gregorio hasta la entonces llamada calle de Santa María del Arco (hoy Augusto Figueroa) y el ensanche de Gravina dejaron libre un pequeño espacio que se formalizó como plaza de San Gregorio Magno. El nombre venía de la imagen del santo que decoraba el ingreso a la finca de los marqueses de Minaya. El barrio en el que se encaja pertenecía, según Mesonero Romanos, al arrabal de los chisperos, «fabricantes y mercaderes de utensilios de hierro», gente de oficios menores cuyas calles tortuosas y viviendas bajas servían de escenario a los sainetes de Ramón de la Cruz. Esa vocación popular y castiza marcó el carácter del entorno durante todo el siglo XIX. En 1943 el Ayuntamiento de Madrid cambió el nombre a plaza de Chueca para honrar a Federico Chueca y Robres, nacido el 5 de mayo de 1846 en la Torre de los Lujanes de la plaza de la Villa, hijo de un conserje del edificio. Aunque estudió brevemente en el Conservatorio desde los nueve años y cursó medicina en la Universidad de San Carlos, su trayectoria quedó definida por un encierro. El 10 de abril de 1865, durante la Noche de San Daniel, fue detenido junto a otros estudiantes que protestaban contra las reformas del gobierno de Narváez. En la Cárcel del Saladero compuso mentalmente una tanda de valses dibujando las teclas del piano sobre la mesa, obra que presentaría a Francisco Asenjo Barbieri al salir y que tituló Lamentos de un preso. Barbieri la orquestó e incluyó en sus conciertos, y a partir de ese momento Chueca abandonó la medicina. Trabajó como pianista de café en establecimientos del centro, dirigió orquestas en el Teatro Variedades y desde 1885 en el Teatro Apolo. En colaboración con Joaquín Valverde estrenó el 2 de julio de 1886 en el Teatro Felipe La Gran Vía, revista cómico-lírica-fantástica-callejera que alcanzó más de cuatrocientas representaciones consecutivas y fue celebrada más allá de España: desde Turín, en 1888, Friedrich Nietzsche elogió en una carta el número de la Jota de los ratas, que consideró superior en garra cómica a cualquier escena wagneriana. En 1897 estrenó Agua, azucarillos y aguardiente, obra considerada cumbre del género chico. Sus últimos años los dedicó a componer con ayuda de amanuenses, entre ellos el joven Manuel de Falla. Murió el 20 de junio de 1908 en la calle de Alcalá 104; el cortejo fúnebre ante el Teatro Apolo fue, según las crónicas, una demostración popular de duelo. Quedó enterrado en el cementerio de San Justo. La plaza que lleva su nombre es un espacio reducido, administrativamente dentro del barrio de Justicia del distrito Centro, aunque el uso popular extendió el topónimo al conjunto del barrio que lo rodea, de modo que hoy «Chueca» designa un territorio mucho mayor que la plaza misma. Tras décadas de deterioro en los años setenta y ochenta del siglo XX, el barrio fue revitalizado desde los noventa por la comunidad LGBTQ+, y la plaza se convirtió en el centro simbólico del Orgullo de Madrid.
Dos semanas después del estreno de La Gran Vía en el Teatro Felipe (2 de julio de 1886), unos rateros robaron la cartera de Chueca en el tranvía del Este. El compositor lo comunicó a la prensa. Al descubrir por una fotografía quién era el propietario, los ladrones le devolvieron la cartera con los tres billetes intactos y cinco duros adicionales «en muestra de respeto y admiración», más una carta firmada por «El rata primero, El rata segundo y El rata tercero», con el visto bueno de «la Chata, la Pelos y la de Lavapiés». En la carta solo pedían guardar su retrato como recuerdo para su academia. La anécdota circuló ampliamente en la prensa madrileña de la época y se reprodujo en varias fuentes del siglo XX; su documentación archivística original no ha sido localizada en las fuentes consultadas para esta ficha.

Sus nombres

  • Plaza de San Gregorio Magnoca. 1860-1943
  • Plaza de Chueca1943-actualidad
Personas Escritores y artistas origen confirmado
Ver fuentes (10)

Cruces y bocacalles