Calle de las Amazonas

Barrio de Embajadores

El nombre procede del corral donde se guardaban los caballos de una comparsa de mujeres jinetas que actuó en los festejos de la entrada de la reina Isabel de Valois en Madrid (1560). Ese paraje se conoció primero como Corral de las Amazonas; con el tiempo la denominación se redujo a su forma actual.

La calle discurre entre la plaza de Vara del Rey y la Ribera de Curtidores, en el corazón del Rastro, distrito Centro, barrio de los Embajadores. Mide unos 33 metros y tiene el código postal 28005. En el plano de Texeira (1656) ya aparece trazada, aunque el sector donde hoy se levanta la casa de socorro de Arganzuela figuraba entonces sin edificar. En el plano de Espinosa (1769) lleva ya el nombre con que la conocemos, lo que sitúa la consolidación del topónimo entre ambas fechas. La tradición más sólida la recogen Hilario Peñasco y Carlos Cambronero en su compilación de 1889, y la retoma Pedro de Répide en «Las calles de Madrid»: con motivo de la entrada solemne de Isabel de Valois en la corte en 1560, se organizaron festejos en los que una comparsa de mujeres, ataviadas a la manera de las heroínas mitológicas y armadas con arcos y flechas, ejecutó a caballo ejercicios acrobáticos de gran destreza. En el paraje donde hoy se abre la calle había un corral de la Villa; allí practicaban y guardaban los caballos esas jinetas. El corral pasó a llamarse de las Amazonas, y el nombre derivó después a la calle. Pérez Galdós confirmó esta tradición al fijar en esta calle el arranque de su novela «Nazarín» (1895). En las primeras páginas describe la posada de la tía Chanfaina —⁠«la terrible Estefanía la del Peñón»⁠— y explica de paso el topónimo: «en aquellos lugares hubo en tiempos de Mari-Castaña un corral de la Villa, y que de él salieron a caballo, aderezadas al estilo de las heroínas mitológicas, unas comparsas de mujeronas, que concurrieron a los festejos con que celebró Madrid la entrada de la reina doña Isabel de Valois». La elección del escenario no era arbitraria: Galdós situó a Nazarín en el Madrid más pobre y popular del último tercio del siglo XIX, y la calle de las Amazonas encajaba en ese retrato. El entorno inmediato refuerza ese carácter popular. La Ribera de Curtidores, antigua sede de curtidurías y actividades relacionadas con el matadero, define el eje del Rastro. En el extremo sur de la calle, en el punto donde confluyen Ribera de Curtidores y la plaza del General Vara de Rey, el arquitecto Javier Ferrero levantó en 1935 un edificio municipal que albergó tenencia de alcaldía, casa de socorro y juzgado. En la misma calle existe un mercadillo de minerales frecuentado históricamente por estudiantes de geología y aficionados. El rótulo cerámico que identifica hoy la calle es obra de Alfredo Ruiz de Luna, encargado por el Ayuntamiento de Madrid en los años noventa del siglo XX dentro de la campaña de rotulación artística del casco histórico. El panel de nueve azulejos de 20×20 cm, técnica talaverana, representa dos figuras femeninas ecuestres enfrentadas y armadas con arcos y flechas.
Galdós abrió «Nazarín» (1895) con una escena en esta calle, y antes de presentar a su protagonista se detuvo a explicar el topónimo. Describió el lugar como una de las ironías nomenclatoras de Madrid: «una calle cuya mezquindad y pobreza contrastan del modo más irónico con su altísono y coruscante nombre». La posada de la tía Chanfaina —⁠antesala de la peregrinación del cura Nazarín⁠— se alzaba en el número más humilde de una vía que llevaba el nombre de las guerreras del mito.

Sus nombres

  • Corral de las Amazonasc. 1560 – siglo XVII
  • Calle de las Amazonasanterior a 1656 – actualidad
Hechos Efemérides origen disputado
Ver fuentes (8)