Calle de la Pasa

Barrio de las Letras · Palacio

El nombre procede de la costumbre del cardenal infante Luis de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo, de repartir puñados de pasas a los pobres desde una puerta trasera del palacio arzobispal que daba a esta calle. La práctica se suspendió por el desorden que provocaba entre los mendigos congregados. La calle ya aparece con esa denominación en el plano de Espinosa de 1769, lo que sitúa el origen del nombre a mediados del siglo XVIII o antes.

La calle une la plaza de Puerta Cerrada con la plaza del Conde de Barajas, en el corazón del Madrid de los Austrias. En el plano de Texeira de 1656 aparece trazada pero sin nombre; el plano de Espinosa de 1769 ya la recoge con la denominación actual. El palacio arzobispal de Toledo, construido en el número 3 como residencia de los arzobispos durante sus estancias en la corte, marcó la vida de la calle durante dos siglos. Cuando el edificio albergó la vicaría eclesiástica, todas las parejas que querían iniciar los trámites matrimoniales debían presentarse allí, pues el matrimonio civil no existía. De ese tránsito obligado nació el dicho madrileño «el que no pasa por la calle de la Pasa no se casa», que Répide recoge con cierta ironía, advirtiendo que la afirmación es «demasiado confiada» porque los matrimonios se celebraban también sin recurrir a esa vicaría. El cardenal infante Luis de Borbón y Farnesio (Madrid, 1727 – Arenas de San Pedro, 1785) ejerció como arzobispo de Toledo entre 1735 y 1754, año en que renunció al estado eclesiástico. Durante su etapa en la prelatura, mantuvo en el palacio la costumbre de la limosna de pasas. En el pasadizo contiguo, luego llamado Pasadizo del Panecillo, se repartían panecillos desde una ventana; según Mesonero Romanos, también esa práctica terminó suprimida por los altercados que generaba entre quienes aguardaban el turno. En 1829 se instalaron rejas de hierro en los accesos al Pasadizo del Panecillo para atajar su uso como refugio de malhechores. La calle albergó hasta el siglo XIX la sede de la vicaría; cuando el arzobispado trasladó sus oficinas a la calle de Bailén, el refrán mutó en otra variante popular. El tramo final de la calle, que en el siglo XIX terminaba en la plaza del Conde de Miranda, hoy concluye en la plaza del Conde de Barajas tras el reordenamiento viario posterior.
Cuando las oficinas de la vicaría arzobispal se trasladaron a la calle de Bailén, el refrán no desapareció: los madrileños lo reciclaron en «el que no pasa por Bailén no se casa bien». Años después, al mudarse el registro civil a la calle del Pradillo, volvió a surgir otra variante. El mismo dicho sobrevivió tres traslados burocráticos.

Sus nombres

  • Sin nombre registrado1656
  • Calle de la PasaDocumentada en 1769
  • Calle de la Pasa (tramo acortado)Siglo XIX – actualidad
Naturaleza Alimentos origen disputado
Ver fuentes (7)