Glorieta de las Pirámides
Toma su nombre de los dos obeliscos rematados en punta piramidal que se alzan en su centro desde 1831, junto al acceso al Puente de Toledo.
La glorieta debe su nombre a dos obeliscos rematados por una sección piramidal que se alzan en su centro desde 1831. Los proyectó el arquitecto Francisco Javier de Mariátegui para dignificar la entrada a Madrid por el Puente de Toledo, durante el reinado de Fernando VII. Cada monolito mide unos catorce metros y se corona con una punta piramidal de siete que apoya sobre cuatro bolas doradas. De ahí el apodo popular: nadie hablaba de obeliscos, sino de las pirámides.
El conjunto original era más ambicioso, con columnas dóricas, fuentes laterales y esculturas reales traídas del Palacio, piezas que el trasiego urbano fue borrando. Las placas de la base iban a llevar una dedicatoria a la reina María Cristina, pero nunca llegó a grabarse.
Durante décadas el lugar figuró como glorieta del Puente de Toledo, y solo en 1944 el Ayuntamiento lo rebautizó como glorieta de las Pirámides. Queda así una plaza llamada de las pirámides donde no hay ninguna, solo dos agujas que apuntan al cielo.