Glorieta de Embajadores
Toma el nombre de la antigua calle y campo de Embajadores, donde la tradición sitúa el refugio de varios diplomáticos extranjeros durante una peste medieval.
El nombre llega desde lejos, de un campo que ocupaba estos terrenos cuando Madrid aún terminaba aquí. La tradición cuenta que, durante una peste del siglo XV, los embajadores de Túnez, Navarra, Aragón y Francia salieron de la villa amurallada y se instalaron en las quintas y casas de campo de este descampado para esquivar el contagio. El de Túnez paró en una finca llamada San Pedro; el de Aragón, cerca de Santiago el Verde. El paraje quedó bautizado como Campo de Embajadores, y de él bebieron la calle y, mucho después, esta glorieta.
La cerca de Felipe IV, levantada en el siglo XVII, cerraba Madrid por esta zona. En 1782 se abrió en ella el Portillo de Embajadores, una de sus puertas menores. La plaza nació cuando esa muralla cayó en 1868 y el portillo desapareció con ella, dejando un cruce abierto donde hoy confluyen Embajadores, la ronda de Valencia, la ronda de Toledo, la calle de Miguel Servet y el paseo de las Acacias.
El lugar tiene memoria de hitos modestos. El 9 de agosto de 1936 el metro estrenó aquí el primer tramo de la línea entre Sol y Embajadores. Y muy cerca respira todavía la antigua Fábrica de Tabacos, donde generaciones de cigarreras madrileñas liaron picadura a mano.