Calle del Oso

Barrio de Embajadores

El nombre procede del escudo de cantería que el hidalgo Diego de Vera y Ordóñez de Villaquirán tenía sobre el portal de su casa en esta calle, blasonado con un oso igual al del Concejo de la Villa de Madrid. El topónimo ya figura en el plano de Teixeira de 1656. Existe una versión legendaria que atribuye el nombre a un oso vivo exhibido por un saltimbanqui extranjero, pero la explicación heráldica es la que recogen las fuentes más solventes y la que aparece en el primer registro cartográfico conocido.

La Calle del Oso desciende desde la Calle del Mesón de Paredes hasta la Calle de Embajadores, en el barrio de Embajadores del distrito Centro, a pocos metros de la iglesia de San Cayetano que ocupa la esquina. Su trazado es breve y estrecho, y su historia resulta desproporcionada respecto a esa brevedad. Diego de Vera y Ordóñez de Villaquirán (c. 1591, Mucientes, Valladolid - después de 1640) era capitán de Infantería y alguacil mayor de la Inquisición en Cataluña. Tenía casas en esta calle cuando el arrabal era ya un barrio formado pero alejado de las parroquias del núcleo urbano. En 1612 fundó en sus propias casas un oratorio público dedicado a Nuestra Señora del Favor, cuya primera misa se celebró el 5 de diciembre de ese año. En 1633 cedió el oratorio a los padres teatinos, que construyeron sobre ese solar la iglesia y convento de San Cayetano, el edificio barroco que hoy corona el extremo sur de la calle y cuya portada diseñó Pedro de Ribera. Ese mismo Pedro de Ribera había nacido en la calle el 4 de agosto de 1681, en el seno de una familia humilde: su padre, Juan Félix de Ribera, era carpintero originario de Gea de Albarracín. Llegaría a ser el arquitecto municipal de Madrid, maestro mayor de sus fuentes y puentes, autor del Hospicio Provincial, del Puente de Toledo y de varias portadas que definen el barroco castizo madrileño. En 1720 se trasladó a vivir al número 26 de la Calle de Embajadores, frente a la iglesia donde enterró a sus padres, a sus hermanos, a sus dos esposas y donde él mismo fue sepultado en 1742. La calle que lo vio nacer y la iglesia que lo acogió en la muerte están separadas por una manzana. Pedro de Répide describió la calle a comienzos del siglo XX como una calleja «en la que hay alguna sórdida mansión, célebre en los anales del hampa madrileña», lo que refleja el perfil popular y en ocasiones marginal que el barrio de Lavapiés mantuvo durante siglos. Galdós ya había dejado constancia literaria en 1895: en Nazarín un personaje menciona «la taberna de la calle del Oso» como lugar donde ir a comprar sin ser conocido, dato que apunta a la función de abastecimiento que cumplían sus establecimientos. De la corrala levantada hacia 1730 en esta calle queda en pie parte de la estructura: dos plantas con galería y un cuerpo de tres pisos adosado en L, una de las tipologías de vivienda popular más características del Madrid preindustrial. Desde los años 1970, los vecinos de la calle organizan cada agosto la verbena de San Cayetano con mantones de Manila, claveles rojos y farolillos en los balcones. La tradición lleva más de cuarenta y cinco años ininterrumpidos y ha sido reconocida reiteradamente por el Ayuntamiento. Víctor Manuel inmortalizó el nombre en una canción homónima. Ana Belén, nacida aquí en 1951, creció en ese mismo ambiente de verbena y corrala.
Pedro de Ribera nació el 4 de agosto de 1681 en esta calle, en una familia de carpinteros. Décadas después diseñó la portada de la iglesia de San Cayetano, construida sobre el solar del oratorio que Diego de Vera —⁠el mismo hidalgo cuyo blasón dio nombre a la calle⁠— había fundado en su propia casa en 1612. El arquitecto que creció mirando la obra de la iglesia acabó siendo quien le puso la fachada.

Sus nombres

  • Calle del Osoanterior a 1656
Naturaleza Animales origen disputado
Ver fuentes (8)

Cruces y bocacalles