Túnel de Atocha

Atocha

Toma su nombre del túnel ferroviario que enlaza las estaciones de Atocha y Chamartín y que discurre bajo este tramo.

La calle nombra lo que esconde bajo el asfalto: el túnel ferroviario que cose Madrid de sur a norte y une las estaciones de Atocha y Chamartín. Inaugurado en 1967, permitió por primera vez que los trenes atravesaran la capital de lado a lado en lugar de morir en estaciones término. Discurre bajo el Paseo del Prado, el Paseo de Recoletos y el Paseo de la Castellana. Quedó popularmente apodado «túnel de la risa», un mote nacido entre la prensa durante las obras por su parecido con el «tubo de la risa» de las ferias, aquel cilindro que giraba mientras se intentaba cruzarlo. El topónimo Atocha viene de mucho antes. Su rastro más antiguo asoma en el Fuero de Madrid de 1202, que cita un «Prato de Toia». La explicación más aceptada lo liga al esparto: un campo de atochas, la mata dura que crecía al sur de la villa, daría el verbo «atochar» y, de ahí, el nombre del paraje. Una tradición devota prefería derivarlo del griego Theotoca, «Madre de Dios», para acercarlo a la venerada Virgen de Atocha, cuya ermita atraía fieles por estos arrabales. Bajo esta vía de Arganzuela, los trenes siguen entrando y saliendo de la ciudad sin que apenas se note en la superficie, salvo por un nombre de calle que recuerda lo que pasa por debajo.
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