Calle Perseo
Toma su nombre de la constelación de Perseo, el héroe griego, dentro del repertorio celeste con que se bautizó el barrio de la Estrella.
Cuando la inmobiliaria Urbis levantó el barrio de la Estrella sobre antiguos descampados del Retiro, a partir de los años cincuenta, sembró el callejero de cielo. Sirio, la Estrella Polar, la Cruz del Sur, los Astros, el Pez Volador: nombres de estrellas y constelaciones para un barrio nuevo que necesitaba bautizarse. Perseo entró en esa nómina como una de las grandes constelaciones del hemisferio norte, vecina de Andrómeda.
Detrás del dibujo de estrellas hay un héroe. Perseo era hijo de Dánae y de Zeus, que se coló en la torre de bronce donde la tenían encerrada convertido en lluvia de oro. De adulto decapitó a Medusa, la Gorgona cuya mirada petrificaba, y de vuelta del encargo rescató a Andrómeda, encadenada a una roca como alimento de un monstruo marino. Los antiguos lo subieron al firmamento con la cabeza cortada todavía en la mano: la estrella Algol, que se atenúa cada dos días y veintiuna horas, era para ellos el ojo de la Medusa.
La constelación tiene además su espectáculo anual. Cada agosto, hacia el 10, las Perseidas cruzan el cielo desde ese punto: las «lágrimas de San Lorenzo», polvo del cometa Swift-Tuttle ardiendo en la atmósfera. Quien mire al cielo una noche de verano sobre esta calle tiene el radiante de esa lluvia justo encima.