Paseo de los Pontones
Toma su nombre de los pontones, los puentes de tablas sobre barcas que cruzaban el Manzanares en este punto.
El nombre recuerda los pontones: tableros tendidos sobre barcas que salvaban el Manzanares cuando no había puente de piedra. En 1761 se levantó aquí el pontón de San Isidro, que acortaba el camino entre la iglesia de San Andrés y la ermita del santo, al otro lado del río, y siguió en servicio hasta comienzos del siglo XX. El camino de los Pontones bajaba desde la Puerta de Toledo hacia la ribera, y acabó concentrando lo que la ciudad prefería mantener fuera de las murallas. Aquí se trasladaron los tratos de ganado que antes se hacían junto al Rastro, y en una explanada contigua se ejecutaba también a los condenados: allí fue fusilado en 1841 el general Diego de León.
El paseo de hoy, ya con árboles y aceras, ocupa un suelo que antes vio ferias de bestias y fusilamientos.