Paseo de los Olmos

Las Acacias

Toma su nombre de los olmos que sombreaban este paseo arbolado de las praderas de Arganzuela, trazado en el siglo XVIII.

El nombre viene de los árboles. Cuando Madrid se abría hacia el sur, hacia el Manzanares y el camino de Toledo, la ciudad ganó una serie de paseos arbolados sobre las praderas de Arganzuela. Entre ellos, los olmos prestaron su sombra y su nombre al Paseo de los Olmos. El olmo era entonces el árbol urbano por excelencia en Castilla, plantado para dar fresco al caminante; aquí marcaba el límite entre la villa edificada y los campos que bajaban al río. De aquel arbolado del siglo XVIII queda poco más que el topónimo. El tramo cambió de cara en el XIX, cuando la industria llegó a Arganzuela. En la manzana que cierran la Ronda de Toledo, el Paseo de las Acacias y este mismo paseo se levantó la fábrica de gas de Madrid, el famoso Gasómetro, cuyas grandes campanas metálicas almacenaban el gas de las farolas de la ciudad. Funcionó más de un siglo, hasta que la luz eléctrica la dejó sin sentido y la trasladaron en 1967. En la esquina con el Paseo de las Acacias aún resiste la sede gasista, heredera de aquellos hornos.
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