Paseo de los Melancólicos
Los vecinos bautizaron así este paraje apartado y solitario por la tristeza que le atribuían, y el nombre pasó al callejero oficial.
Pocas calles de Madrid llevan un estado de ánimo por nombre. El paseo de los Melancólicos baja de la ronda de Segovia hacia la calle de San Epifanio por un borde del barrio Imperial que durante mucho tiempo fue tierra de nadie: descampados, tapias, vías de tren. El título lo pusieron los propios vecinos del contorno, que asociaban el paraje, casi siempre solitario, con una tristeza acorde al rótulo. De ese uso de boca en boca pasó al callejero oficial.
No hay aquí ningún personaje ni ninguna batalla detrás del nombre, solo el carácter del sitio. Por aquí corrían las vías de contorno que cosían el sur de Madrid, rozando estaciones como Delicias, Peñuelas o la propia Imperial. El paisaje era ferroviario, fabril y un punto desolado, con la vieja fábrica de Mahou cerca de un extremo.
Hoy buena parte del trazado se ha vuelto un corredor verde que apenas recuerda su pasado de raíles y humo, mientras el nombre sigue insistiendo en la melancolía.