Paseo de la Virgen del Puerto

Ópera·Palacio

El paseo toma el nombre de la ermita que el corregidor de Madrid Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, primer marqués de Vadillo, mandó construir a Pedro de Ribera entre 1716 y 1718 a orillas del Manzanares. La advocación —⁠Virgen del Puerto⁠— es la patrona de Plasencia, ciudad en la que Vadillo había sido corregidor entre 1689 y 1696, y donde desarrolló su devoción mariana. El sobrenombre «del Puerto» designa en Plasencia el paraje donde la tradición sitúa el hallazgo de la imagen: el cruce del camino viejo del puerto de Castilla, en el monte Valcorchero. La leyenda añade una capa: caballeros portugueses habrían traído la talla desde Lisboa huyendo de los musulmanes y la habrían ocultado en aquellos riscos —⁠de ahí su apodo extremeño «la Canchalera»⁠—⁠. La imagen madrileña es una réplica de esa talla gótica del siglo XV.

El Paseo de la Virgen del Puerto debe su nombre a la ermita que Pedro de Ribera levantó aquí, su primera gran obra urbana en Madrid. El marqués de Vadillo le encargó a la vez el templo y el saneamiento del terreno entre el Campo del Moro y el Manzanares, para dar cobijo a la copia de la Virgen placentina que guardaba en el Colegio Imperial. La ermita quedó terminada en 1718, y el 10 de septiembre la imagen recorrió en procesión el camino hasta su nuevo hogar barroco: un octógono con cúpula, fachada austera y dos torres rematadas en chapitel de pizarra que guiñan a los Austrias, mientras el interior anticipa el lenguaje que Ribera desplegaría después en el puente de Toledo. El propio arquitecto talló en 1729 el sepulcro del marqués, que sigue dentro. La Guerra Civil destruyó la ermita y se perdió la talla original; en 1939 solo seguían en pie los muros maestros y la cúpula. Reconstruida por Carlos Mendoza, fue declarada Monumento Nacional en 1945 y el culto volvió en 1951. Hoy el paseo recorre la margen izquierda del Manzanares desde el puente de Toledo hasta el puente del Rey.
Las mozas madrileñas ofrecían un melón a la Virgen durante la romería del 8 de septiembre esperando encontrar novio. La costumbre dio nombre popular a la festividad: Verbena de la Melonera. Los vendedores de Villaconejos instalaban sus puestos junto a la ermita aprovechando que el lugar quedaba fuera de los portazgos de la ciudad y podían vender sin pagar los arbitrios de consumo de la villa. La tradición persistió hasta bien entrado el siglo XX; tras la destrucción de la Guerra Civil, Enrique Tierno Galván recuperó las fiestas en 1983 trasladándolas al paseo de la Chopera, en Arganzuela.

Sus nombres

  • Campos de la Tela / Paseo de la Telahasta c. 1716
  • Paseo Nuevo de la Cortec. 1716–1726
  • Paseo de la Virgen del Puertodesde c. 1726
Religión y devoción Virgenes y advocaciones origen disputado
Ver fuentes (10)

Cruces y bocacalles