Paseo de la Chopera
Debe su nombre a los chopos que crecían en estos prados junto al Manzanares, plantados cuando la villa abrió paseos arbolados hacia el río.
El nombre nace de un árbol. Una chopera es un terreno poblado de chopos, los álamos negros que prosperan a la orilla del agua, y aquí, en los prados que bajaban hacia el Manzanares, formaron un bosquecillo lo bastante notorio como para bautizar todo un paseo.
Antes de las casas hubo pasto. La zona se extendía sobre la antigua Dehesa de la Arganzuela, terreno comunal donde los vecinos llevaban a apacentar el ganado, y buena parte del sur quedaba ocupada por una isla y los brazos cambiantes del río. En tiempos de Fernando VI, a mediados del siglo XVIII, el gobierno de la villa trazó varios paseos arbolados que descendían desde la ciudad hacia el Manzanares, vías de acceso y a la vez lugares de esparcimiento. Los chopos plantados en uno de ellos dieron al lugar su seña.
El árbol terminó cediendo el sitio al ladrillo y la fundición. En 1910 empezó a levantarse aquí el matadero municipal, un conjunto de pabellones de estilo neomudéjar que durante décadas marcó el pulso del barrio. Cerró en 1996 y hoy esos mismos pabellones, sobre el Paseo de la Chopera, albergan el centro cultural Matadero, con salas de exposición, teatro y cine donde antes circulaban reses.
De los chopos originales no queda rastro. Solo permanece el nombre.