Pasaje Romero

Ríos Rosas

El nombre recuerda al romero, el arbusto aromático del monte mediterráneo, aunque la razón concreta de su elección no quedó documentada.

Un callejón de apenas treinta y cinco metros se cuela entre los edificios de Ríos Rosas con un nombre que huele a monte: el del romero, el arbusto leñoso de flores azuladas que crece silvestre por las laderas secas de media España. La palabra viene del latín ros marinus, «rocío del mar», denominación que los autores clásicos ya daban a la planta. Por qué este pasaje en concreto recibió ese nombre no se ha conservado constancia fiable. Madrid bautizó muchas vías menores con plantas y flores —⁠romero, tomillo, espliego⁠— cuando el ensanche del norte se urbanizaba a finales del siglo XIX y principios del XX, y este rincón de Chamberí encaja en esa costumbre municipal de espolvorear el callejero con aromas de campo. La planta también dio apellido común, así que no puede descartarse del todo un homenaje a una persona; el nomenclátor no lo aclara. El romero acompañó durante siglos la vida cotidiana como aromática, condimento y remedio popular, y su flor sigue siendo de las primeras que visitan las abejas al final del invierno. Quien hoy cruza el Pasaje Romero rumbo a Bravo Murillo pisa uno de esos atajos discretos que la ciudad llenó de nombres de campo justo cuando dejaba de tener campo a la vista.
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