Pasaje del Áncora
Toma su nombre de la vecina calle del Áncora, dedicada al instrumento naval que aferra los barcos al fondo, en un trazado del Ensanche Sur muy lejos del mar.
Sorprende un áncora en pleno Arganzuela, a kilómetros de cualquier costa. El pasaje hereda el nombre de la vecina calle del Áncora, abierta en el Ensanche Sur y dedicada al instrumento que aferra los buques al fondo marino para protegerlos del viento.
El porqué de un ancla tierra adentro nunca se aclaró del todo. La versión más repetida atribuye el nombre a los propios vecinos, que lo habrían tomado de un áncora herrumbrosa abandonada junto al embarcadero del antiguo Canal del Manzanares, aquella vía de agua que corría paralela al río. Répide recogía la existencia de esa ancla, aunque consideraba dudosa su procedencia: descartaba que viniera de las falúas reales del Retiro y se inclinaba por el embarcadero del Canal. Otra explicación apunta a una compañía propietaria de estos terrenos, que habría dejado su huella en el callejero.
El pasaje tuvo antes otro nombre. Se llamó Brasil hasta que adoptó el del Áncora, alineándose con la calle a la que sirve de acceso.
Bastan unos pasos para que el caminante se detenga ante la rareza: un ancla anunciada en una placa, lista para morder un fondo de mar que aquí nunca existió.