Pasaje de Tortosa

Palos de la Frontera

Recuerda a Tortosa, la ciudad tarraconense levantada junto al Ebro en su tramo final hacia el Mediterráneo.

Tortosa se asienta en el último gran recodo del Ebro, en la provincia de Tarragona, antes de que el río se abra al mar. Los romanos la llamaron Dertosa y la elevaron a colonia bajo Augusto; los musulmanes la rebautizaron Turtuxa y la convirtieron en plaza de comercio y frontera; en 1148, Ramón Berenguer IV la sumó a la Corona de Aragón tras un asedio en el que, cuenta la tradición, las mujeres de la ciudad defendieron las murallas y merecieron por ello una orden propia. De aquella superposición de épocas le queda a Tortosa un casco viejo de catedral gótica y castillo en lo alto. El Pasaje de Tortosa traslada ese nombre a un rincón breve de Arganzuela, en el barrio de Palos de Moguer. El callejero de la zona reúne topónimos peninsulares, y aquí asoma una ciudad catalana entre vecindarios de resonancia andaluza. No se ha conservado constancia del motivo concreto por el que el Ayuntamiento dedicó este pasaje a Tortosa, ni de la fecha exacta de su rotulación, así que el porqué de la elección queda sin documentar. Apenas setenta metros bastan para el trayecto, un atajo entre fachadas que toma prestado el nombre de una ciudad mil veces más antigua que él.
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