Pasaje de Agustín de Betancourt
Honra a Agustín de Betancourt y Molina, ingeniero nacido en Tenerife en 1758 que fundó la Escuela de Caminos de Madrid y dirigió las obras públicas del Imperio ruso.
Detrás del nombre hay un canario que terminó su vida al servicio del zar de Rusia, no como militar de campaña sino como ingeniero. Agustín de Betancourt y Molina nació en Puerto de la Cruz, Tenerife, en 1758, y dedicó su carrera a mover cosas: el agua por los canales, los carruajes por los caminos y las señales a distancia.
Se formó en Madrid, en París y en Inglaterra, donde estudió las máquinas de vapor cuando casi nadie en España las dominaba. Hacia 1798 recibió el encargo de tender un telégrafo óptico que enlazara Madrid con Cádiz, una cadena de torres que se transmitían señales a la vista; en la práctica la línea llegó a funcionar hasta Aranjuez. Pocos años después dirigía en Madrid la recién creada Escuela de Caminos, Canales y Puertos, origen de la ingeniería civil española.
La invasión napoleónica lo empujó al exilio. El zar Alejandro I lo reclamó en San Petersburgo, donde ingresó con grado de general en el cuerpo de vías de comunicación del Imperio. Allí Betancourt levantó fábricas y puentes, y dirigió en Moscú el inmenso Picadero o Manège, una nave para ejercicios ecuestres cubierta por una techumbre de madera de enorme luz. Murió en San Petersburgo en 1824, lejos del Atlántico que lo vio nacer, y reposa en el panteón del monasterio de Alejandro Nevski.
El Pasaje de Agustín de Betancourt, un tramo breve en Ríos Rosas, recuerda a uno de los grandes ingenieros de su tiempo.