Pasaje Lince
Toma su nombre de la constelación del Lince, una de las muchas figuras del firmamento que bautizan las calles de este barrio.
El Pasaje Lince mira al cielo, como casi todo en este barrio. Cuando la compañía de Seguros La Estrella urbanizó estos terrenos a partir de los años cincuenta, sus calles fueron tomando nombres del firmamento. El lince entra en esa nómina no como animal, sino como constelación.
La introdujo el astrónomo polaco Johannes Hevelius a finales del siglo XVII, en una región pobre y casi vacía entre la Osa Mayor y el Auriga, donde apenas brilla una estrella apreciable. El nombre fue casi una broma: para distinguir sus astros débiles, dijo, hacían falta ojos de lince.
El pasaje, breve y discreto, hace honor a la modestia de su constelación. Quien recorra el barrio puede jugar a leer el cielo a pie de acera, saltando del Pasaje Lince a la Calle de la Lira, de la Plaza de los Astros a la Calle de la Estrella Polar.