Glorieta de Quevedo
Honra a Francisco de Quevedo, el escritor madrileño del Siglo de Oro, cuyo apellido se dio a esta plaza en 1860.
El nombre celebra a Francisco Gómez de Quevedo y Villegas, nacido en Madrid en 1580, poeta y prosista de lengua afiladísima que dejó sátiras, sonetos y la novela picaresca El Buscón. Su apellido se asignó a esta plaza en 1860, cuando la ciudad empezaba a ordenar y bautizar el ensanche del norte.
Antes de ser glorieta, el lugar fue un cruce de caminos a las afueras, junto a la antigua Puerta de Fuencarral, por donde salían las rutas hacia el pueblo de Fuencarral y, más allá, hacia Francia. De aquel nudo de carreteras viene su forma circular y su papel de encrucijada entre Fuencarral, San Bernardo y Bravo Murillo.
En el centro preside el monumento al escritor, obra que Agustín Querol talló a comienzos del siglo XX. La estatua tiene una vida itinerante: estuvo primero en lo que hoy es Alonso Martínez y no llegó a esta glorieta hasta los años sesenta. Hacia finales de los noventa se le añadió una fuente a sus pies.
Bajo la plaza late otra historia: la estación de metro de Quevedo abrió en 1925 y fue durante unos años cabecera de línea, terminal del Madrid que crecía hacia Cuatro Caminos antes de extenderse hasta allí.