Calle San Aquilino
Lleva el nombre de un San Aquilino del santoral, aunque no se ha conservado constancia de a cuál de los varios santos homónimos se dedicó la calle.
Hay varios santos llamados Aquilino, y los archivos del callejero no precisan a cuál se encomendó esta vía del barrio de Almenara. El más recordado en el santoral es Aquilino de Évreux, guerrero al servicio de Clodoveo II que, de vuelta de campaña, colgó las armas y se consagró con su esposa al cuidado de pobres y enfermos. Lo nombraron obispo hacia el año 670 y, incómodo con el bullicio del cargo, se hizo labrar una celda de ermitaño dentro de su propia catedral para rezar a solas. Quedó ciego en sus últimos años y siguió gobernando la diócesis igual que antes. Se le celebra el 19 de octubre.
Otro Aquilino, el de Milán, fue un sacerdote apuñalado por un grupo de herejes una noche de comienzos del siglo XI; su cuerpo reposa en una capilla octogonal de la basílica de San Lorenzo, forrada de mosaicos bizantinos del siglo IV. Cualquiera de los dos pudo prestar el nombre a esta calle, pero no se ha conservado constancia del porqué.
El nombre encaja en el aire del barrio. San Aquilino sube hacia el norte de Almenara, entre manzanas que crecieron deprisa cuando Tetuán de las Victorias se llenó de casas modestas a la sombra de Bravo Murillo. Quien la recorre hoy cruza un tejido de calles obreras donde el santoral se repartió por las esquinas sin dejar dicho a qué Aquilino se rezaba.