Calle Octava
Nombre ordinal de una de las once calles numeradas de la Colonia Unión Eléctrica Madrileña, la ciudad jardín que la compañía levantó en los años veinte para sus empleados, donde las vías se numeraron en vez de bautizarse.
El nombre no esconde más misterio que su propio número. Calle Octava es la octava de una retícula de vías que se trazaron sin bautizar, identificadas solo por su orden, cuando se levantó la Colonia Unión Eléctrica Madrileña.
La colonia nació en los años veinte por iniciativa de Valentín Ruiz Senén, director gerente de la Unión Eléctrica Madrileña, que impulsó la construcción de vivienda barata e higiénica para los empleados de la compañía al amparo de la Ley de Casas Baratas. Se construyó entre 1920 y 1927 sobre antiguos terrenos del extrarradio de Chamartín de la Rosa, siguiendo el modelo de ciudad jardín entonces en boga: casitas unifamiliares con jardín a cuatro fachadas, calles tranquilas, escala doméstica frente al Madrid de manzana cerrada.
En aquel plano de tablero, los urbanizadores prefirieron lo práctico a lo poético y numeraron las calles, once en total, de la Primera a la Undécima. Quedaron así la Primera, la Cuarta, la Octava, la Décima, la Undécima. Mientras otras colonias vecinas tiraban de flores —Narcisos, Alhelíes, Jacintos—, esta se quedó con la aritmética, y el provisional se volvió definitivo: un siglo después los vecinos siguen viviendo en números.
La colonia se conserva como conjunto histórico protegido, con sus hileras de casas bajas escondidas entre los edificios altos de Hispanoamérica. Caminar por la Calle Octava es cruzar de golpe del bloque de los setenta a un pueblo de los años veinte.