Calle Nuestra Señora de las Angustias
Lleva el nombre de una advocación de la Virgen María, la de las Angustias, la madre que sostiene el cuerpo de Cristo bajado de la cruz.
Detrás del nombre hay una imagen concreta: María recibiendo en su regazo el cuerpo de su hijo recién bajado de la cruz. La devoción a Nuestra Señora de las Angustias recoge ese instante de duelo, y desde la Baja Edad Media echó raíces en la piedad popular española. Su emblema más reconocible es el corazón de la Virgen atravesado por espadas, una por cada dolor.
La calle no nació de una parroquia, sino de un plano. Forma parte de la Colonia Alfonso XIII, o Colonia de los Rosales, que una cooperativa de empleados municipales levantó hacia 1928 sobre lo que aún era el municipio independiente de Chamartín de la Rosa: casitas bajas con antejardín y patio, dispuestas alrededor de una plaza circular. De ese centro salen, como radios, la avenida del Recuerdo y las calles de Levante, Poniente, Hiedra y esta Nuestra Señora de las Angustias.
Apenas sesenta metros para una de las advocaciones más dolientes del calendario, en una colonia que todavía respira el aire de pueblo que tuvo antes de que Madrid se la tragara.