Calle Marqués de Torroja
La calle recuerda a Eduardo Torroja Miret, ingeniero de caminos pionero de la construcción en hormigón, a quien se concedió el marquesado de Torroja a título póstumo en 1961.
Detrás del título nobiliario hay un ingeniero. Eduardo Torroja Miret, nacido en Madrid en 1899, llevó el hormigón armado a límites que pocos habían imaginado. Techó el hipódromo de la Zarzuela con una marquesina que parece flotar sin apoyos y cubrió el mercado de Algeciras con una cúpula finísima. Sus viaductos, depósitos y bóvedas todavía se estudian como hazañas de cálculo, y en su tiempo fue uno de los mayores expertos del mundo en su campo.
El marquesado de Torroja se creó el 1 de octubre de 1961, pocos meses después de su muerte, concedido a título póstumo por sus trabajos científicos y sus obras públicas. Calle Marqués de Torroja hereda ese título, no el apellido a secas, y de ahí el tratamiento de marqués.
El emplazamiento tampoco es casual. Torroja dirigió el instituto de investigación de la construcción que hoy lleva su nombre, instalado en el complejo de Costillares, al norte de la ciudad, entre los pinares de Chamartín. Quien recorre esta vía del barrio de Castilla camina por el mismo distrito donde el ingeniero tuvo su centro de trabajo.
El título sigue vivo. Lo heredó su hijo, también ingeniero de caminos, y más tarde recayó en la cantante Ana Torroja, nieta del primer marqués.