Calle Margaritas
Lleva el nombre de la margarita, la flor, y nació de la costumbre vecinal de bautizar con flores las calles de este rincón de Tetuán.
El nombre viene de la flor, la margarita de pétalos blancos y corazón amarillo que crece silvestre por los descampados de Madrid. No conmemora a ninguna persona ni hecho: lo eligieron los propios vecinos del lugar, y solo más tarde la administración lo aceptó como oficial. Ese bautizo popular, anterior al reconocimiento del callejero, delata cómo crecía este extremo de Tetuán, a su aire y al margen del centro.
La Calle Margaritas no estuvo sola en su capricho botánico. A pocos pasos enlaza con la Calle de la Gloxinia, otra vía con nombre de flor, prueba de que aquí se sembró un pequeño jardín nominal cuando estas tierras todavía eran apertura reciente que arrancaba del antiguo camino de la Dehesa y se perdía hacia el campo.
Hoy el campo ha desaparecido bajo el barrio de Berruguete. La calle corre estrecha y de un solo sentido, paralela a la Calle de Villaamil, y termina en un fondo de saco, esa trama menuda y casi de pueblo que distingue a este sector del distrito. El turista que la recorra no encontrará un monumento: encontrará una flor que un grupo de vecinos decidió, sin permiso de nadie, clavar en el mapa de Madrid.