Calle Leganés
Toma su nombre de Leganés, la población vecina del sur de Madrid cuyo topónimo nace del barro, el légamo de una antigua laguna.
La calle de Leganés recuerda a la población del mismo nombre, hoy una de las grandes ciudades del sur madrileño y antaño una aldea de campos encharcados. El bautizo encaja con la costumbre de este rincón de Arganzuela, donde varias vías llevan los nombres de los pueblos de la comarca, como si el callejero quisiera tender un puente entre la capital y su entorno agrícola.
El topónimo Leganés guarda memoria del barro. Deriva de légamo o légano, el lodo pegajoso de las tierras de labor, en alusión a una laguna que ocupó el lugar antes de drenarse para el cultivo. Un relato del siglo XVI lo cuenta sin rodeos: donde se fundó el pueblo había una laguna con mucho légano, y de ahí salió Legamar, que el uso fue limando hasta dejar Leganés.
El nombre dio más tarde título al marquesado de Leganés, que ostentó Diego Mexía Felípez de Guzmán, militar y diplomático de la corte de Felipe IV. La calle madrileña conserva en cuatro sílabas el recuerdo de aquella laguna seca.