Calle Juan de la Cueva

Retiro · Niño Jesús

Juan de la Cueva de Garoza (Sevilla, 1543 – Granada, 1612), poeta y dramaturgo del Siglo de Oro, estrenó catorce piezas teatrales en Sevilla entre 1579 y 1581 y las publicó en 1583. Rompió las unidades aristotélicas antes que Lope de Vega; su obra El infamador (1581) presenta uno de los primeros antecedentes reconocibles del arquetipo de Don Juan.

Juan de la Cueva de Garoza fue bautizado el 23 de octubre de 1543 en la iglesia de Santa Catalina de Sevilla, hijo del doctor Martín López de la Cueva, letrado de la Inquisición sevillana. Se formó en el estudio de Juan de Mal Lara; a la muerte de este (1571), Diego Girón continuó como referente del círculo humanista. Frecuentó las tertulias de Francisco Pacheco y Juan de Arguijo. Entre septiembre de 1574 y el verano de 1577 viajó a Nueva España con su hermano Claudio; algunas composiciones líricas tempranas quedaron recogidas en Flores de baria poesía (México, 1577). Las catorce piezas teatrales representadas en Sevilla entre 1579 y 1581 —⁠cuatro tragedias y diez comedias⁠— las publicó Andrea Pescioni en 1583 como Primera parte de las comedias y tragedias. Entre ellas figuran El infamador (1581), Los siete infantes de Lara, La muerte del rey don Sancho, La libertad de España por Bernardo del Carpio y La muerte de Virginia y Apio Claudio. Cultivó también la épica: Coro Febeo de romances historiados (1587) y La conquista de la Bética (1603). La preceptiva literaria le ocupó en el Ejemplar Poético (redactado entre 1605 y 1609). Desde 1607 residió en Cuenca, donde su hermano Claudio ejercía como inquisidor; a la muerte de este en 1611 se trasladó a Granada, donde murió el 4 de octubre de 1612. La rotulación en el barrio del Niño Jesús sigue el patrón de nomenclatura con escritores aplicado en zonas de nueva urbanización durante el siglo XX; no se ha localizado el acuerdo municipal con la fecha exacta ni constan nombres anteriores.
Su obra El infamador, representada en Sevilla en 1581, presenta a Leucino —⁠seductor que usa el honor ajeno como arma y recurre a falsos testigos para destruir a sus víctimas⁠— como uno de los primeros personajes de la literatura española que prefigura el arquetipo de Don Juan, tres décadas antes de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina.
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