Calle El Parral

Guindalera

El nombre recoge el topónimo del sub-barrio que dio identidad a esta parte de la Guindalera. «Parral» designa en castellano el sitio donde hay parras —⁠vides emparradas sobre armazón⁠— y como topónimo nombra pagos con ese cultivo en distintos puntos de la geografía peninsular.

A mediados del siglo XIX, La Guindalera creció como barrio satélite del Ensanche. Llegaron hortelanos que aprovechaban el canalillo del Este, la acequia abierta en 1868 con el sobrante del Canal de Isabel II. A su oeste cuajó un pequeño sub-barrio que el habla popular llamaba El Parral, célebre por sus merenderos de hortalizas de las huertas del Abroñigal. Aquellas huertas resistieron hasta finales de los años cincuenta, cuando el Parque de las Avenidas las cubrió de calles. La vía heredó el nombre del sub-barrio. Una advertencia para el curioso: nadie ha verificado que existiera aquí un parral concreto antes de la urbanización. El entorno agrícola hace verosímil la idea, pero ninguna fuente la confirma para este rincón exacto.
Testigos orales recogidos en la Guindalera describían El Parral como «un auténtico pueblo manchego» dentro de la ciudad: casas muy bajas con cortinas de cuentas en las puertas, corrales con gallinas y rebaños de ovejas que los pastores conducían por las calles del barrio hasta bien entrado el siglo XX.
Naturaleza Plantas y cultivos origen disputado
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