Calle del Mármol
Calle corta del barrio de Imperial cuyo rótulo nombra el mármol, sin que se haya conservado constancia de por qué.
El mármol, la roca que el pulido vuelve espejo, vistió durante siglos portadas de iglesias, mostradores y zócalos madrileños. No se ha conservado constancia de una cantera, un taller de marmolista ni un almacén que justifique el bautizo.
Lo que sí se sabe es dónde está: apenas unos ciento veinticinco metros que caen desde la calle de Toledo hacia el Manzanares, en una Arganzuela que fue Madrid de fábricas, almacenes y mataderos antes de volverse residencial. En ese paisaje de oficios, un nombre como Mármol encaja sin esfuerzo, aunque la calle nunca presuma de la piedra que la nombra. Hoy es una vía discreta de fachadas sencillas, lejos del brillo que su rótulo promete.