Calle del Mármol
Calle corta del barrio de Imperial cuyo rótulo nombra el mármol, sin que se haya conservado constancia de por qué.
El rótulo de esta calle nombra una piedra: el mármol, la roca caliza que el pulido vuelve espejo y que durante siglos vistió portadas de iglesias, mostradores de comercio y zócalos de las casas madrileñas. Por qué se eligió ese nombre para esta vía concreta del barrio de Imperial no está documentado. No se ha conservado constancia de una cantera, un taller de marmolista ni un almacén de piedra que justifique el bautizo, así que el origen queda sin aclarar.
Lo que sí se sabe es dónde está. Apenas unos ciento veinticinco metros en la franja que cae desde la calle de Toledo hacia el Manzanares, en una Arganzuela que durante el siglo XIX y buena parte del XX fue Madrid de fábricas, almacenes, mataderos y mercados antes de convertirse en barrio residencial. En ese paisaje de oficios y materiales, un nombre como Mármol encaja sin esfuerzo, aunque la calle nunca presuma de la piedra que la nombra: hoy es una vía discreta de fachadas sencillas, lejos del brillo que su rótulo promete.
El nombre se sostiene sin su motivo. Una palabra dura y luminosa colgada de una esquina modesta, cuyo origen ya no consta.