Calle del Lozoya
Lleva el nombre del río Lozoya, el caudal serrano que el Canal de Isabel II trajo a Madrid a mediados del siglo XIX.
El nombre viene del río que dio de beber a Madrid. El Lozoya baja de la sierra de Guadarrama, y a mediados del siglo XIX se convirtió en la solución a la sed crónica de una capital que dependía de pozos y viajes de agua. Las obras del Canal de Isabel II arrancaron en 1851, y la noche del 24 de junio de 1858 el agua serrana brotó por primera vez en una fuente provisional levantada al final de la calle de San Bernardo. La ciudad celebró aquel chorro como un prodigio.
El Lozoya es una vía breve que nace de Bravo Murillo, en pleno Arapiles, un barrio que creció al ritmo del ensanche y de las nuevas conducciones de agua. Bautizar una calle con el río fijaba en el callejero la obra hidráulica que cambió la vida cotidiana del vecindario.
El topónimo es más antiguo que la obra. Las formas medievales Lozohia y Loçoya apuntan a una raíz del euskera de los repobladores que llegaron al valle tras la Reconquista, ligada a la idea de pastizal o terreno de pasto.