Calle del Codo
El nombre describe el quiebro de la calle, que tuerce casi en ángulo recto como un brazo doblado por el codo.
Apenas setenta metros y un giro brusco bastan para entender el nombre. La calle arranca en la Plaza de la Villa, bordea la Torre de los Lujanes y, antes de desembocar en la Plaza del Conde de Miranda, dobla casi en ángulo recto. Ese quiebro, parecido a un brazo flexionado, le dio su apelativo. La placa lo ilustra sin rodeos: un brazo medieval con armadura, plegado por el codo.
La denominación se atribuye al marqués de Grabal, a comienzos del siglo XVIII, aunque el trazado es mucho más antiguo. Se cuenta que es de las pocas vías de Madrid que conservan casi intacto su recorrido medieval, y suele citarse como la más angosta de la ciudad. Por aquí pasaba el límite del viejo arrabal, antes de que los Lujanes levantaran su casa y su torre en el siglo XV. La estrechez y la penumbra la convirtieron en escenario predilecto de duelos a espada cuando caía la noche; Pérez-Reverte la eligió para algún lance del capitán Alatriste. Y se cuenta que Quevedo la usaba de mingitorio al volver de las tabernas. Un vecino harto pintó una cruz con la advertencia «no se mea donde hay una cruz». La réplica del poeta: «no se pone una cruz donde se mea».