Calle del Codo
El nombre describe el quiebro de la calle, que tuerce casi en ángulo recto como un brazo doblado por el codo.
Apenas setenta metros y un giro brusco bastan para entender el nombre. La calle arranca en la Plaza de la Villa, bordea la Torre de los Lujanes y, antes de desembocar en la Plaza del Conde de Miranda, dobla casi en ángulo recto. Ese quiebro le dio su apelativo, y la placa lo ilustra con un brazo medieval con armadura plegado por el codo.
El trazado es de los pocos de Madrid que conservan casi intacto su recorrido medieval, y suele citarse como el más angosto de la ciudad. Su estrechez y su penumbra la hicieron escenario predilecto de duelos a espada al caer la noche; Pérez-Reverte la eligió para algún lance del capitán Alatriste. Y se cuenta que Quevedo la usaba de mingitorio al volver de las tabernas. Un vecino harto pintó una cruz con la advertencia «no se mea donde hay una cruz», a lo que el poeta replicó: «no se pone una cruz donde se mea».