Calle del Cactus
Lleva el nombre de la planta espinosa de los desiertos americanos, parte de una tanda de vías de Tetuán bautizadas con nombres de plantas a mediados del siglo XX.
El nombre viene directo de la planta: el cactus, esas suculentas espinosas que aguantan el desierto guardando agua en sus tallos carnosos y que cruzaron el Atlántico desde América para volverse familiares en patios y alféizares.
Madrid abrió la vía en agosto de 1948, en el barrio de Berruguete. La calle pertenece a un vecindario sembrado de nombres vegetales: a pocos pasos quedan vías dedicadas a la hierbabuena, la azucena o el naranjo. La mayoría llegaron al callejero cuando hubo que resolver los nombres duplicados tras la anexión de los municipios del norte, y el repertorio botánico ofreció una cantera limpia de homónimos.
Por qué tocó el cactus y no otra planta no ha quedado documentado. Queda el contraste: una planta de secano americano dando nombre a una calle obrera del Madrid que creció pegado a Bravo Murillo.