Calle del Almez
Lleva el nombre del almez, árbol mediterráneo de tronco liso y frutos diminutos que los chicos disparaban con cerbatanas.
El almez es un árbol mediterráneo de tronco gris y liso, copa redonda y madera tan resistente que apenas se pudre. Su nombre llegó del árabe andalusí al-máys, prueba de cuánto lo apreciaron en al-Ándalus: con su madera incorruptible armaban norias, carros, remos y hasta flautas y rabeles. En este rincón de Atocha la calle se suma a un pequeño vecindario de vías bautizadas con árboles, una costumbre madrileña de llevar el campo al callejero.
El almez guarda historias mejores que su tamaño. Sus ramas crecen casi en un solo plano, como dedos de una mano abierta, y los artesanos del Levante las domesticaban durante seis años o más hasta convertirlas en horcas de labranza; el pueblo leridano de Alentorn vivió de exportarlas por millares. Sus frutos, las almecinas, eran golosina de la chiquillería, que los usaba además como munición de cerbatana. Algunos botánicos lo señalan como el legendario «loto» de los lotófagos que Ulises encontró en la Odisea, el fruto que hacía olvidar el regreso a casa.
Hoy la calle del Almez es un tramo corto con un área infantil entre sus bancos y fuentes, donde el árbol que da nombre a la vía bien podría dar sombra a los columpios.