Calle de Santa María la Real de Nieva
Recuerda a Santa María la Real de Nieva, villa segoviana nacida en torno a la Virgen de la Soterraña, hallada enterrada en 1392.
Detrás de este nombre largo hay una imagen sacada de la tierra. En septiembre de 1392, en un pizarral de la comarca segoviana de Nieva, un pastor llamado Pedro Amador dijo haber recibido el encargo de la Virgen de desenterrar una talla suya oculta bajo el suelo. El obispo de Segovia dudó, hasta que —según la tradición— una crucecita de piedra solo se le soltó de las manos al propio prelado. Al excavar, apareció una imagen de madera en una cavidad subterránea. De ese hallazgo bajo tierra viene su advocación: Soterraña, voz del castellano antiguo emparentada con «subterránea».
La noticia llegó a la reina Catalina de Lancáster, que costeó un santuario y empujó la fundación de la villa, formalizada el 11 de agosto de 1395 bajo el rey Enrique III. El «Real» del nombre da cuenta de ese padrinazgo de la corona. La devoción corrió tanto que Blanca de Navarra mandó copiar la talla por todo su reino, donde se la conoció como Virgen de Nieva.
La calle de Santa María la Real de Nieva traslada ese topónimo segoviano al barrio de Imperial, en la orilla madrileña del Manzanares, donde varias vías llevan nombres de pueblos y lugares de la geografía española.