Calle de Paradinas
Toma su nombre de un topónimo castellano, Paradinas, presente en sendos pueblos de Segovia y Salamanca, sin que se haya documentado a cuál de ellos rinde homenaje.
El nombre llega desde Castilla a este rincón del barrio de Imperial. Paradinas es topónimo que se repite en la meseta: hay un Paradinas en la campiña segoviana, junto a Santa María la Real de Nieva, y un Paradinas de San Juan en la provincia de Salamanca. A cuál de los dos apuntó el callejero madrileño no ha quedado constancia.
De dónde brota la palabra sí se conoce. La forma deriva del latín paries, parietis, «pared», y aludía a los muros caídos de viejas construcciones, a menudo restos romanos, sobre los que se asentó la repoblación medieval. El Paradinas segoviano encaja con esa imagen: nació sobre las ruinas de una villa romana cuyos mosaicos salieron a la luz en el siglo XIX, y su palacio del XV llegó a cobijar al comunero Juan de Padilla en 1520, mientras el alcalde Ronquillo acechaba a los sublevados desde Santa María.
La calle pertenece a la trama residencial que sustituyó al Madrid fabril de Arganzuela, el de la antigua cervecera que dio carácter a la zona. Hoy es una vía tranquila a un paso de Madrid Río.