Calle de Oruro
Lleva el nombre de Oruro, ciudad minera del altiplano boliviano, dentro del callejero americanista del barrio de Hispanoamérica.
Oruro nombra una de las muchas calles que, en este rincón de Chamartín, repasan el mapa de la América hispana. El barrio entero funciona como un atlas de bolsillo: a pocos pasos corren Cochabamba y Potosí, también bolivianas, mientras países enteros prestan su nombre a avenidas y plazas vecinas. La urbanización de la zona, sobre los antiguos terrenos de Chamartín de la Rosa, fijó este criterio y convirtió un paseo por el callejero en un recorrido por el continente.
La Oruro real se levanta a unos 3.700 metros en el altiplano boliviano, entre montañas peladas y un frío seco. Su nombre se remonta al pueblo uru, asentado junto al lago Uru Uru mucho antes de la llegada de la corona española. La villa colonial nació en 1606 con el nombre de Real Villa de San Felipe de Austria, en honor al rey Felipe III, tras descubrirse vetas de plata en sus cerros. Ese metal marcó su destino: durante siglos vivió de la minería, primero de la plata y luego del estaño.
Hoy Oruro es conocida sobre todo por su Carnaval, una fiesta que enlaza antiguas invocaciones andinas con la devoción a la Virgen de la Candelaria. La diablada, con sus máscaras de demonios bailando en procesión, es su estampa más célebre, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.