Calle de los Tilos

Hispanoamérica

El nombre evoca el tilo, el árbol de hoja en corazón y flor aromática con que se prepara la tila.

Detrás del rótulo está un árbol concreto: el tilo, del latín tilia, que llegó al castellano por el camino del francés antiguo til. No se ha conservado constancia del porqué exacto de la dedicatoria a esta vía corta de Hispanoamérica, aunque el nombre encaja entre las calles de la zona bautizadas con plantas. El tilo merece la placa. De copa amplia y hojas en forma de corazón con el borde dentado, puede alcanzar siglos de vida y agrietar su corteza con la edad. En verano se cubre de florecillas pálidas y tan perfumadas que las abejas las trabajan sin descanso, y de esas flores sale la tila, la infusión que tantos toman para calmar los nervios o conciliar el sueño. El árbol arrastra además una larga aura sagrada. En la mitología germánica y nórdica se le tenía por árbol de la protección, y bajo su sombra se reunían las gentes para impartir justicia y zanjar disputas. De aquella reverencia antigua no queda aquí más que el nombre.
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