Calle de los Narcisos
Lleva el nombre del narciso, la flor de bulbo que abre sus copas amarillas o blancas a finales del invierno.
El narciso da nombre a esta vía: una flor de bulbo que asoma a finales del invierno y abre sus copas amarillas o blancas antes de que el campo termine de despertar. Muchas variedades crecen en grupos densos, perfuman con fuerza y se marchitan pronto, como buena anunciadora de la primavera.
La Calle de los Narcisos ocupa un rincón del barrio de Hispanoamérica donde los nombres dejaron por un momento los países americanos que ordenan el callejero y se fueron al jardín. Aquí pesan las flores. No se ha conservado constancia escrita del porqué de esta calle en concreto, pero su nombre encaja en esa pequeña hornada botánica que se abrió paso cuando la zona se urbanizó, ya bien entrado el siglo XX. El nombre de la flor viene de antiguo. La palabra narciso se relacionó desde la Antigüedad con un término griego que apunta al adormecimiento o el sopor, el efecto que se atribuía a su olor intenso. De ahí salió también el joven del mito, aquel que se enamoró de su propio reflejo en el agua y se quedó mirándolo hasta consumirse; donde cayó, cuenta la leyenda, brotó la flor que lleva su nombre.
Quien recorra la calle en marzo no encontrará campos de narcisos, sino aceras tranquilas con el nombre de la flor en la placa.