Calle de las Peñuelas
El nombre viene de peñuela, diminutivo de peña: un pequeño promontorio rocoso que se alzaba en este terreno al sur de Madrid.
Una peñuela es una peña pequeña, el diminutivo de la roca que aflora del suelo. Aquí, en el sur arenoso y pedregoso de Madrid, había una de esas elevaciones modestas: la peñuela de Santa Isabel, un promontorio emparentado con el cercano Peñón, junto al Campillo del Mundo Nuevo. De ese montículo tomaron nombre la estación de ferrocarril, la plaza y esta calle de las Peñuelas, que después dio nombre a todo un barrio obrero. De la roca original no queda rastro.
Durante siglos esto fue terreno de la Dehesa de Arganzuela, pastos a orillas del Manzanares. Con el Plan Castro de 1860 empezó el ensanche, y a las Peñuelas llegaron familias trabajadoras que levantaron casas de patio y corralas. El barrio respiraba aquel aire fabril que Galdós y Blasco Ibáñez retrataron en sus novelas, con la fábrica del gas a tiro de piedra y el paso a nivel del tren cruzando la vida cotidiana hasta los años ochenta.
En 1860 se instaló en la plaza vecina una fuente con pilón, surtida por las aguas del viaje del Bajo Abroñigal. Aquel caño fue durante generaciones un punto de encuentro y de lavado para el vecindario. La peña que dio el nombre desapareció bajo el asfalto; el agua tardó mucho más en callarse.